Rajoy echa la culpa a Rubalcaba del «espectáculo» de la detención de Ripoll
De la Vega acusa al PP de «seguir escondiendo la basura bajo las alfombras»

Ripoll, acompañado de sus abogados, sale de los juzgados.
En tromba y con gruesos descalificativos. El hasta hace unos días desconocido «caso de las basuras» se ha convertido en el arma arrojadiza del verano entre Gobierno y oposición con la que intercambian inmundicias.
Los principales dirigentes del PP denunciaron ayer la ilegalidad de la detención del presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll, y de la operación de la Fiscalía Anticorrupción contra una supuesta trama de concesiones irregulares en contratos de gestión de residuos urbanos que salpica al PP. Mariano Rajoy apuntó directamente a Alfredo Pérez Rubalcaba como responsable del «espectáculo» de la redada del martes que supuestamente carecía de permiso judicial. Otros en su partido llegaron a calificar de «secuestro» el arresto de Ripoll. Desde el Gobierno, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega vio en todas las denuncias una estrategia para ocultar «bajo la alfombra las basuras» y exigió dimisiones en las filas opositoras.
Explicaciones. Rajoy anunció que llevará al Congreso la polémica operación Brugal y que pedirá la comparecencia del ministro del Interior para que explique las «contradicciones» entre la versión de la Policía y la del juez del caso, el titular del juzgado tres de Orihuela, que insiste en que no autorizó las detenciones y en que nadie le informó de la redada hasta después de producirse. «Fue un espectáculo muy poco edificante», apuntó el líder del PP, que aseguró que en su época como responsable de Interior «estas cosas no ocurrían».
La utilización política de la Brigada Antiblanqueo, un argumento que los populares han usado con generosidad para defenderse en la operación Gürtel , se ha convertido también en el centro de la estrategia del «caso de las basuras». Rajoy no dudó en acusar a los «responsables políticos» de Interior de lo sucedido con los policías.
En casi idéntica línea que el presidente del PP estuvieron Esperanza Aguirre y Rita Barberá. La primera denunció el «escándalo» del uso «partidista» que el Gobierno hace de las fuerzas de seguridad y de la Fiscalía. La segunda se apuntó a la tesis de que no hay que aclarar nada hasta que Pérez Rubalcaba «no de explicaciones satisfactorias de tanta contradicción».
Rajoy, Aguirre y Barberá fueron de los más comedidos de su partido. En el otro extremo se situó el portavoz del PP en el Senado. Pío García Escudero no se anduvo con rodeos y habló de «secuestro» de Ripoll a manos de la Policía Judicial en un «gran montaje mediático» sin que hubiera «delitos flagrantes ni órdenes judiciales». «Fueron tratados como si fueran terroristas», llegó a afirmar.
Las dos notas del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana en las que se apuntaba que ninguna autoridad judicial ordenó los arrestos fueron munición para los portavoces populares.