Boda maragata, ¿un rito singular?
Opinión | Martín Martínez
Sí, un rito singular que es plural. Tal vez no sea políticamente correcto
-”pero hay que hacerlo-” decir que la boda maragata solamente tiene como singularidad su recreación. Históricamente, no; porque en todas nuestras comarcas, incluida la ciudad de Astorga sin ser maragata, el rito de la boda hasta las primeras décadas del pasado siglo era similar; a veces, gemelo al de Maragatería. Hágase un repaso a la boda ancestral en la Valdería, la Cabrera, la Valduerna, la Cepeda o el Órbigo e incluso en tierras del Páramo. Si así lo hacemos y hay escritos y oralidades que lo atestiguan nos percataremos de esa pluralidad; se practicaban las mismas costumbres del rastro, la pedida, el pago del piso, las mismas ceremonias de la boda, la tornaboda o los «aproclamos». Naturalmente, con variedades que podemos calificar de insustanciales propias, no de cada comarca, sino de cada localidad.
No muy lejos de nuestra tierra, en los concejos vaqueiros de Asturias, se realiza cada año la recreac ión de una boda vaqueira a la vieja usanza; repasen ustedes las ceremonias, los ritos, las costumbres y comprobarán las similitudes que tiene con nuestra boda maragata, que es la boda de toda la provincia leonesa. Por cierto, la boda vaqueira, se recrea fidedignamente, pues el matrimonio es real y los concejos organizadores corren con el gasto de la boda amén de ofrecer al joven matrimonio copiosos y suculentos «regalos de boda». Condición sine qua non, creo que se impone, que alguno de los contrayentes ostente apellido vaqueiro.
La singularidad de nuestra boda maragata, respecto a las comarcas limítrofes, es en buena parte debida a la literatura que en torno a ella se ha creado -”a veces desproporcionada-” y a la buena y sana intención de algunos grupos de mantener ciertas formas ancestrales como testigos de un pasado, que no fue ni mejor ni peor que la actualidad; fue distinto.
Y ahí, en ese esfuerzo de tales grupos, hemos de destacar y alabar su constancia por conservar y recrear, de vez en cuando, formas de vida pretéritas. Son estas recreaciones una gran lección de antropología y etnografía. Por lo cual habrá de tenerse mucho cuidado para no caer en exageraciones teatrales que pueden ser contraproducentes para una recuperación fidedigna.
Dejemos como dato curioso que en el actual rito matrimonial -”religioso o civil-” aún se conserva algún aspecto tradicional como es el lanzamiento de arroz a los novios una vez finalizada la ceremonia.
Rito que sustituye al trigo que el padre de la novia arrojaba sobre la cabeza de ésta como símbolo y deseo de fertilidad en el matrimonio. Recrear nuestros ancestros y sus viejas costumbres es siempre una buena terapia, porque así no olvidamos de donde venimos, con una senda marcada que nos lleve a donde queremos ir.