Crónica | esther aguirre

Cuando dicen lo que piensan...

Las hemerotecas están llenas de insultos de políticos, de meteduras de pata o salidas de tono que les acaban pasando factura cuando el rival aprovecha el filón

Publicado por
León

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Llamar «tontos de los cojones» a los votantes de la derecha, calificar de «mariposón» a un líder, «hijos de puta» a sus compañeros de partido, «gilipollas» a un primer ministro como Tony Blair o referirse a los «morritos» de una ministra son algunos de los excesos verbales de la clase política española.

Y es que España tiembla cuando sus políticos hablan y dicen verdaderamente lo que piensan... Sus reflexiones, muchas de ellas desafortunadas -”con alusiones machistas-” y otras más sutiles pero demoledoras para atacar sin piedad al rival, no pasan inadvertidas, sino todo lo contrario: provocan ríos de tinta. Las hemerotecas están llenas de esos insultos, tacos, meteduras de pata o salidas de tono de nuestros políticos y es que éstas no entienden de siglas, se producen en todos los partidos políticos y pasan factura, tarde o temprano, a los que las pronuncian. Pero lo cierto es que no aprenden... Una y otra vez pronuncian expresiones ofensivas, la más reciente la del alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, quien, a propósito del nombramiento de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, comentó: «cada vez que le veo esos morritos pienso lo mismo».

A buen seguro que esta frase quedará en los anales de los desatinos, al igual que esta otra: «¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?», del presidente de la Federación de Municipios y Provincias, Pedro Castro.

«Escucho todo lo que dices y veo todo lo que haces...», fue una frase sonada del hoy vicepresidente y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que debió pronunciar en un claro arrebato de omnipresencia cuando contestaba al diputado Carlos Floriano.

Otras declaraciones le jugaron una mala pasada al mismísimo Zapatero, como aquella en las que admitía que les convenía que hubiera «tensión» para que los votantes no se relajaran.

Jordi Sevilla, responsable económico antes de que los socialistas volvieran a La Moncloa, metió a su jefe en un buen lío cuando todavía era líder de la oposición, al explicarle que «dos tardes» serían suficientes para aprender lo que necesitaba de Economía.

El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha tenido frases muy reveladoras, como la que pronunció en vísperas de la Fiesta Nacional en la que le explicaba a Javier Arenas que al día siguiente tenía «el coñazo del desfile..» y apuntaba: «en fin, un plan apasionante».

Pilladas aparte, los insultos se personalizan, la mayoría de las veces en público, para tratar de provocar un runrún que fulmine al rival: el ex vicepresidente Alfonso Guerra dijo de Rajoy que era «un poco mariposón» y el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, que se le veía el «plumero».

Sin embargo, no todas las ofensas se dirigen a sus adversarios, prueba de ello son las que el presidente del Congreso, José Bono, dijo de sus propios compañeros: «hay mucha gente santa, algún malo (...) y los del partido propio que son unos hijos de puta», o a mandatarios extranjeros, como al entonces primer ministro británico, Tony Blair, al que calificó de «gilipollas».

Una de las muy sonadas fue la del diputado del PSOE Antonio Carmona cuando dijo que si hacía falta, hundían otro barco, cuando las aguas de la costa gallega estaban todavía teñidas de negro por la catástrofe ecológica que provocó el Prestige .

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En fin, que para firmar la paz como propuso Zapatero hablando de Rusia lo mejor es «estimular, para favorecer y -˜para follar-™», o más bien -˜apoyar-™ .