Diario de León

Femenino rural, mayor riesgo de exclusión

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c. tapia | león
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El riesgo de pobreza tienen género: femenino rural. Trece de cada cien mujeres de la provincia de León se encuentran en el umbral de la pobreza, frente al 10,3% de los hombres. Pero también el género se distribuye de manera diferente por comarcas. Las más feminizadas son Sahagún (50%), Esla Campos (40%), La Bañeza (22,2%), El Páramo (14,3%) y Tierras de León (11,2%).

La comarca de Sahagún y Esla de Campos es donde la diferencia entre sexos es más acusado (50% para mujeres y 15,4% para hombres en Sahagún y 40% mujeres y 26,8% para hombres en Esla Campos).

La fala de ocupación está considerada como uno de los elementos desencadenantes de los procesos de exclusión social, no tan sólo porque el trabajo retribuido constituye la fuente básica de ingresos de las personas, sino porque, com orefleja el estudio «es el proceso de construcción de la identidad y, en consecuencia, en la integración de los individuos en la sociedad». Desde este punto de vista, el paro y la inactividad, tanto si está en situación de jubilación como en la dedicación a las tareas del hogar o formación constituyen perfiles claros de riesgo de pobreza en la provincia de León, en la que el 35,7% de las personas con riesgo de exclusión están en paro, el 13% jubilados, el 16,7% realiza las labores del hogar y el 40% están en formación. El estudio refleja que pese a ser el paro el mayor porcentaje, es la jubilación la que acarrea mayores tasas de pobreza (el 48,7% están jubilados).

Mayor ocupación, menos salario . En las conclusiones del estudio se recoge que las mujeres sufren mayor riesgo de pobreza y exclusión social que los hombres. Pese al crecimiento de la participación femenina en el mercado de trabajo en los últimos años y la reducción de las diferencias respecto a los hombres, la división sexula del trabajo en la provincia continúa estando en la base de las desigualdades entre los dos sexos, «la incorporación del trabajo remunerado a tiempo parcial, asociada a la realización de tareas en el hogar y el cuidado de los otros, es un comportamiento claramente femenino», explican los autores coordinadores del estudio, Rogelio Gómez y María Jesús Domínguez. «El análisis de las condiciones laborales confirma una mayor ocupación de las mujeres respecto a los hombres aunque con salarios más bajos». El estudio constata que las mujeres se integran en el mercado laboral con unas condiciones más precarias que las de los hombres, «en la medida en que la relación con la actividad condiciona fuertemente el acceso y la forma de la protección social por parte del Estado, las desigualdades continúan perpetuándose a lo largo del ciclo vital». Tener una mayor esperanza de vida no favorece la reducción de los riesgos de exclusión femeninos porque viven más tiempo solas con rentas más bajas.

«Ni las prestaciones contributivas ni las asistenciales consiguen compensar, en muchos casos, el diferencial de ingresos que se produce al abandonar la vida laboral», explica el informe. La pobreza tiene un claro perfil femenino, vinculado a la débil vinculación de las mujeres de ciertas generaciones con el trabajo formal, «las rentas bajas de que disponen no suelen permitir que las personas mayores puedan restaurar sus viviendas a medida que estas se van deteriorando», lo que influye en la calidad de vida.

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