Cenicero jubilado busca colilla ardiente
La nueva ley que prohibe el consumo de tabaco en los espacios públicos entra en vigor sin demasiado ruido entre los leoneses, aunque genera notables críticas por parte de los fumadores y algún hostelero

El San Martín se ha visto obligado a modificar sobre la marcha el cartel anunciador.
El cenicero del Ferrari de Fernando Alonso ya no estará solo en la cola del paro. A media noche del sábado se abrió la caza de la colilla asesina en los bares y las cafeterías del estado (entre otros lugares públicos) y con la entrada en vigor de la Ley Antitabaco en su máxima extensión, los leoneses barruntan un futuro un poco menos negro aunque sólo sea en los pulmones.
«Nosotros quitamos los ceniceros a las dice de la noche y había gente que incluso nos lo agradeció desde el primer momento». Tras la barra del mítico Café Victoria, en pleno centro de la capital, el acento delata que Daniel no nació en la península pero la explicación resulta sucinta: «No hemos notado nada y ahora mismo, ya veis cómo está el tema». La tele ofrece el Granada-Alcorcón, las tapas van y vienen intercaladas con algún café tardío de media mañana y la vida sigue igual que ayer, pero sin niebla bajo los focos.
Jamón Jamón muestra un cartel al uso. «Prohibido fumar». A tenor de la tímida presencia de clientes en el momento del primer paseo, bien pudiera parecer que la advertencia sobra. En el segundo intento, la asistencia ha mejorado. Pero no hay atisbo de un solo cigarrillo.
Ángel y Maite se explayan a gusto en los alrededores de El Flechazo. «Estudié con Zapatero en Las Discípulas. Si llego a saber esto... Decían que le habían sacudido alguna vez en los recreos, pero ya veo que le dieron poco. La gente está muy quemada y esto solamente va a servir para poner las cosas peor. Vamos camino de que nos pase como en Lituania. He estado allí hace poco y hay calles en las que si te pillan fumando, te multan», explica él. Ella es más práctica: «Terminaremos montando los botellones en casa, a este paso. La prohibición es excesiva y demasiado restrictiva».
¿Y el fútbol? La relativa calma que rodea los alrededores de Jabugo desaparece a la que los clientes vislumbran la cámara de fotos: «¿Pues dónde vamos a fumar a partir de ahora? En casa, no nos queda más remedio, es que parece que es lo que quieren estos (El Gobierno), que nos metamos en casa y no salgamos. Yo no concibo bajar a ver los partidos de fútbol al bar y no poder echar un cigarro», explica José Manuel. El que dice llamarse Pepe (suena a nombre para salir del paso) recurre al exabrupto: «Este sinvergüenza lo que quiere es que no salgamos a la calle para que no veamos cómo están dejando el país. ¡Como un solar!». No es buen día para las encuestas electorales, parece.
Jorge pide permiso para hablar en la antesala del Miche: «Vuelve Franco pero en color rojo. Si esto es la democracia, mal rollo. Yo creo que se podría haber aprobado esta ley pero haciendo una distinción entre bares de fumadores y bares de no fumadores. Prohibir las cosas así, de esta manera, es aberrante para el ciudadano. Lo que sucede es que a partir de ahora vamos a hacer más amistades, porque los fumadores y los de los botellones nos haremos amigos y coincidiremos en los sitios. La ley esta va a llevar a la ruina a los hosteleros. Tenemos que ser conscientes de que el 80% de los españoles fuma y a este paso a la gente le van a llamar la atención por fumar en la calle. Es una incoherencia y una contradicción total».
La primera incursión en el gremio de los hosteleros-propietarios arroja un resultado sorprendente. El dueño de La Botica se identifica como «El andaluz» y está contento: «Ya tenían que haberlo aplicado hace muchos años». Se le advierte que el establecimiento está semi vacío y que la ley reducirá la presencia de clientes ante las barras: «Da lo mismo. Anoche tenía yo una humareda aquí que no había quien respirara. Lo voy a ganar en salud, porque en dinero, siendo autónomo, tampoco iba a ganar mucho más. Me han dicho que anoche en El Húmedo debió haber algún incidente aislado, pero la cosa ha debido de estar tranquila».
Condeso se abona a la moda de las estufitas en la terraza y los fumadores lo agradecen tanto como las tapas. En El Mesón del Cid, el cliente es más ingenioso: «¡Oye! ¿Habéis preguntado que pasa ahora con los puticlubs? Porque claro, son espacios cerrados, pero ahí sí que hay que fumar el cigarro de después y si también están prohibidos... otro negocio que se cargan».
Por la tarde fue la hora de la partida. Esa es otra...