«Dices imposible y a mí me pone»
Es lo que se dice un -˜buenrollista-™, que es ese tipo de persona que lleva el buen rollo metido en el cuerpo, día y noche. Cuando alcanzó cima en el Everest, llamó a su padre por teléfono satélite, pero sólo lloró. Tiene el don comunicador de
Jesús y sus hermanos Kike y Julián, con su padre y su madre en dos jornadas de montaña.
Una rueda de prensa multitudinaria, entrevistas con todos los que le llaman, comida de trabajo, viaje relámpago en coche hacia un aeropuerto, vuelo a Roma y otra rueda de prensa para presentar su último proyecto televisual. Así es ahora la vida de Jesús Calleja (45 años), el montañero y aventurero leonés distinguido con la Medalla de Oro de la ciudad y al que el éxito viene sonriendo desde hace años. Pero detrás de esa marca de triunfo y gloria que hoy representa existe una biografía de esfuerzo casi hercúleo, de sacrificios personales y, por qué no decirlo, de soledad.
Jesús González Calleja es originario de Fresno de la Vega, población de la huerta leonesa. Es el segundo de los tres hijos de Julián y María Jesús, ambos peluqueros de oficio que pronto trasladaron su residencia a la capital leonesa para facilitar los estudios de los chavales. Los sucesivos cambios de vivienda le pasearon por cuatro colegios e institutos distintos de la ciudad, entre ellos uno que lleva marcado como a fuego: «No se me olvidará jamás un profesor de Matemáticas que me dijo, siendo yo muy pequeño, que no iba a ser nadie en la vida; ahora le dedico esta distinción». Dicho por él no suena a resentimiento, más bien a toque de atención sobre la vulnerabilidad de la infancia. «Eso me persiguió toda la vida porque lo recuerdo como algo muy humillante. Estuve muchos años pensando que era cierto».
-"¿Y eso mismo no le habrá convertido en lo que es hoy?
-"También puede ser, porque tú me dices imposible y a mí me pone, me activa; es la palabra mágica.
Quizá la interiorizó cuando su padre le leía las expediciones de Edmund Hillary al Everest o aquellos delirantes relatos de Enerst Shackleton a la Antártida. Era inmensamente imaginativo. «Recuerdo que le escuchaba a él solo, en el pasillo, diciendo algo así como -˜chis, chas, chas, abriendo y cerrando escotilla-™, porque él se imaginaba que vivía en una nave espacial y todas esas cosas», relataba ayer María Jesús, una madre henchida de orgullo. En las entrevistas realizadas tras conocerse la distinción, ambos, madre e hijo, coincidieron en que Jesús tuvo su primer contacto con la montaña durante aquellos veranos que la familia salía a los ríos y pantanos de la provincia para pescar. «Él siempre estaba trepando y había que llamarle cada poco para que no se despistara», cuenta María Jesús. «Escalaba lo que podía, pero mi pasión por la montaña fue inmediata», apunta él al otro lado del teléfono. De aquellos días le quedan las imágenes más felices de su vida. Son tantos los rincones y picos que conoce de la montaña leonesa que es verdaderamente incapaz de decirse por uno. Porque de bien nacidos es ser agradecidos: «Le debo todo a León; toda mi motivación nació en León».
Y es lo único que nunca le ha faltado. Incluso en los momentos de descalabro. «El fracaso es algo que siempre está ahí presente. Ahora llego del Dakar y no lo he conseguido, pero ha sido una lección y volveré. Cada vez que hay un fracaso, como ocurrió cuando no conseguí ascender la primera vez al Cho Oyu (8.021 metros), lo vuelvo a intentar». Jesús Calleja es hoy la viva imagen del éxito y la naturalidad -"algo le debe quedar de ese comunicador que lleva dentro todo buen peluquero-", pero aún recuerda cuando empezó: «Llevaba la chaqueta llena de parches», bromea. Pero lo cierto es que pasó tiempo hasta que consiguió financiación para sus expediciones. «Fíjate, pero en este momento me acuerdo del Ayuntamiento, de León Gótico, de la Diputación, de RMD y de tantos y tantos que pusieron lo que, en su medida, pudieron poner». Todo esto sucedió después de cumplir los 37 años y dar un cambio radical a su vida, hasta entonces vinculada a la peluquería y a la venta de coches. Antes de conseguir su sueño de ascender al Everest (2005) -"el día que lo logró llamó a su padre por teléfono satélite desde la cima, aunque lloraron más que hablaron-", Jesús tr abajó como guía en expediciones por el Himalaya y los Alpes. En ese periodo de, llamemoslé, aprendizaje, el aventurero bautizó una cumbre inexplorada en la cordillera de Darwin (Chile) con el nombre de «León 16 de febrero». A partir de aquel momento, los patrocinios ya no son un problema. De sobra son conocidos los méritos profesionales de Jesús Calleja como montañero y como comunicador, pero hay una doble cualidad que su madre subraya: «Como no ha tenido padrinos, siempre ha sido un chico inquieto y autónomo, pero a la vez siempre está pendiente de la familia, con quien es muy generoso». El primer susto que dio a su madre fue el día que se cayó de un gigantesco nogal, rompiéndose el brazo. Y no fue peor, por los pelos.
-"Como ex peluquero, ¿a quién le daría un buen rape?
-"A la persona que gobierna España y a la que manda en la oposición. En un momento de crisis están fallando ambos.
-"¿Cómo se ve de mayor?
-"Haciendo lo mismo, pero adaptándome a donde pueda llegar. Esto ya no tiene marcha atrás.