Diario de León

Desgraciado retorno a Buenaventura

La solidaridad ciudadana costea el funeral del colombiano Álex Ramírez, de 34 años, quien murió en León sin recursos

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Alex Córdoba Ramírez fue el «hombre más feliz del mundo» el día que consiguió sus papeles para trabajar y residir en León. Fue en 2005. Había llegado de Colombia, de Buenaventura Valle, tres años antes.

Durante sus años de «sin papeles» sobrevivió gracias a trabajos sin contratos, en la economía sumergida. Pero llegó el día, consiguió su tarjeta de residente y la oportunidad de formarse. Hizo un curso de soldador y su vida de inmigrante legal empezó a rodar. Trabajó en Murcia, en Corella, en Navarra, en los túneles de Pajares para dar acceso al AVE.

«Soy el mejor soldador que ha tenido la Renfe», solía decir, riéndose, cuando llegaba al Centro de Asesoramiento Sociolaboral para Inmigrantes de UGT en León, que le ayudó a realizar todos los trámites para regularizar su situación en España y a donde acudía periódicamente.

La crisis económica también llegó para él y últimamente no había conseguido trabajo. Vivía de la ayuda de 420 euros. Pero le falló lo más importante. Su cuerpo. Un pulmón perforado y una neumonía acabaron con su vida el pasado 5 de febrero en el Hospital de León. Pasó doce días en la UVI y veinte en planta. Su salud ya estaba resentida, pero el golpe más duro lo recibió hace un año al descubrir que era diabético tras sufrir un coma y pasar por la unidad de cuidados intensivos por primera vez.

Sin familia en España, un amigo, Luis Enrique Pascual, y su pareja, compatriota de Álex, se hicieron cargo del enfermo, primero, y del fallecido a partir del cinco de febrero. La familia de Ramírez, que reside en Colombia, quería repatriar sus restos. Demasiado caro. Más de 7.000 euros. «Llamamos por teléfono a su hermano y a su madre y les comentamos que lo más que se podía hacer era incinerarlo y enviar sus restos en una urna», explica Pascual.

Ni siquiera tenían dinero para comprar el ataúd, que, dada la altura de Álex, más de 1,90 metros, requería unas dimensiones poco habituales. «Él no tenía recursos, sólo deudas. Y la familia de Colombia vivía de lo poco que él mandaba», alega. Luis Enrique Pascual llamó a las puertas de todas las asociaciones leonesas que trabajan con inmigrantes, desde Cáritas a UGT y Cruz Roja, pero en todas encontró la misma respuesta. Carecen de fondos para estos casos. A título particular, entregaron algún donativo.

Campaña en la calle. Así que puso en marcha una campaña para recabar fondos solidarios con los que pagar los 1.500 euros que, con rebaja, les ha costado la incineración y todos los trámites funerarios. Pegó la foto de carné de Álex en un cartel, con la leyenda en rojo «Aviso urgente», y sembró de copias el barrio de El Crucero y el centro de León apelando a «la colaboración de todos» para «poder pagar los gastos del funeral». En pocos días reunió algo más de 1.100 euros, principalmente entre la colonia colombiana de León, alguna asociación y otros inmigrantes, y organizaron el sepelio.

«El tanatorio de León nos prestó una sala, sin cobrar, para hacer el velatorio», comenta agradecido con los servicios de Serfunle el amigo de Álex Ramírez. El sábado 19 de febrero fue incinerado el cuerpo, que permaneció en las cámaras frigoríficas del hospital desde que se produjo el óbito hasta ese día.

Álex Ramírez contaba con un permiso en regla. Hasta 2014 no tenía que renovar los papeles. Planeaba solicitar la nacionalidad española. Pero la vida no le dió la oportunidad. Ahora una urna con sus cenizas espera en el cementerio de León a que se cumplimenten los trámites para poder enviarlas a su familia en Colombia.

Carlos Arturo Estupiñán Ramírez, hermano de Álex, tuvo que otorgar un poder especial a Luis Enrique Pascual y Nubia Marina Ramírez en la segunda notaría de José Manuel Cantero Recio, de Buenaventura, para ocuparse de los trámites y hacer llegar la urna con las cenizas del difunto a su tierra.

Ahora, se ven obligados a viajar a Madrid para hacer declaración verbal de la defunción y presentar las acreditaciones correspondientes. Hecha esta gestión, el consulado realizará la inscripción de la defunción en el registro correspondiente y remitirá el expediente a su país.

Pero el flete de la urna con las cenizas no podrá realizarse hasta que llegue un certificado desde el país sudamericano que permita contratar los servicios de una compañía aérea con todos los permisos. «El consulado no se hace cargo de ningún gasto. Es por eso por lo que pedimos que nos sigan ayudando: para pagar lo que aún debemos a Serfunle, unos 300 euros, y el flete a Colombia», explica Luis Enrique Pascual tras lamentar que el Gobierno colombiano no disponga de ayudas para casos de necesidad como el que se les ha presentado.

De no ser por su intervención, los restos de Álex Ramírez se hubieran enterrado en León, en los nichos dispuestos para casos de extrema necesidad en los que no hay familia, o no se la localiza, ni seguro al que recurrir. Hubiera tenido un entierro, pero a su familia se le habría hurtado la oportunidad de tener un último recuerdo físico del joven fallecido.

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