Diario de León

Rajoy encara la campaña electoral sin tensiones tras la dimisión de Camps

El líder del PP cuenta, ahora, con un partido libre de escándalos por corrupción

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antonio montilla | madrid
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Mariano Rajoy, malherido por su segunda derrota frente a José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo que pasar un difícil examen interno en el 2008. El ruido de sables era casi insoportable en Madrid. Durante semanas, se barajó la posibilidad de que Esperanza Aguirre disputara el liderato de la formación o apoyara una tercera vía. Rajoy tomó entonces una decisión crucial, organizó el congreso nacional del partido en Valencia. Hacia 18 años que el máximo cónclave de los populares no se celebraba fuera de Madrid. Rajoy premió de esta manera el impagable apoyo de un Francisco Camps emergente en unos momentos tan convulsos.

Tres años más tarde, las vicisitudes de la política y de la vida cambiaron las tornas. Camps pasó de ser un seguro para Rajoy a convertirse en un lastre para sus aspiraciones de llegar a la Moncloa por su enjuiciamiento como presunto autor de un delito de cohecho pasivo impropio por recibir regalos de la trama corrupta Gürtel.

El máximo responsable del PP, en contra de la opinión de otros dirigentes del partido, mantuvo su apoyo al presidente valenciano hasta donde pudo. Lo ratificó como candidato a la reelección en la Comunidad Valenciana en marzo del 2010, pese a que ya estaba imputado en la causa. Pero esa especie de cordón umbilical que unía a ambos se rompió de manera definitiva el pasado miércoles cuando, tras sopesar varias opciones, Rajoy puso a Camps en la siguiente encrucijada: «O tres años y medio de deshonra o la renuncia». Es decir, o mantenerse al frente de la Generalitat tras declararse culpable de un delito de corrupción o dimitir. Tras tres horas de máximo suspense, Camps se marchó y todo el partido respiró más tranquilo.

Resultados. Las urnas dieron la razón el 22 de mayo a los analistas de Génova que proclaman que la corrupción no afecta de manera decisiva en los resultados electorales del PP. Camps revalidó su mayoría absoluta, pero un examen más pormenorizado del recuento mostraron una letra pequeña preocupante. Pese al notorio incremento de apoyos del PP en toda España, Camps cedió casi cuatro puntos de porcentaje de votos con respecto a las elecciones del 2007. O lo que es lo mismo, casi 70.000 valencianos le retiraron su confianza. Si el disgusto era con Camps o con el PP no importaba tanto como un posible contagio a los resultados de las generales. Y es que 70.000 votos menos podrían provocar la pérdida de un diputado.

Los defensores del exdirigente popular valenciano, sin embargo, advierten de que tal vez muchos valencianos no entiendan porque Rajoy «no ha apostado hasta el final por Camps» y consumen su venganza en los próximos comicios. El líder del PP, por si acaso, ya ha mostrado de viva voz su apoyo al dimisionario. Incluso, anunció en una intervención pública en Granada que si sale absuelto, el partido le recuperará para la primera línea. ¿Futuro ministro?

«El viernes (día en el que se conoció el auto de procesamiento de Camps) nos quedamos sin discurso y ahora, tras la marcha de Camps, hemos vuelto a nuestro discurso», explica un miembro de la dirección nacional del partido. El PP, mucho antes de que el movimiento 15M reclamase a los partidos más transparencia y ética, ya quiso hacer de la regeneración una de sus banderas. Un anhelo que, sin embargo, hacía aguas, precisamente, en Valencia.

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