Diario de León

josé ángel escalona | ganadero y pastor trashumante

«Mis ovejas se comen dos primaveras al año»

El rebaño de Escalona pasta en la vega que forman los cauces del Curueño y el arroyo Río Pinos en Redipuertas.

El rebaño de Escalona pasta en la vega que forman los cauces del Curueño y el arroyo Río Pinos en Redipuertas.

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La trashumancia es dura, pero tiene ventajas. «Mis ovejas se comen dos primaveras al año», afirma el único ganadero leonés que hace el ancestral viaje, ahora en camiones. El verano en Redipuertas, donde nació, y el invierno en Trujillo (Cáceres). José Ángel Escalona, de 45 años, es fruto y heredero de la tradición trashumante. «Mi abuelo era extremeño, de Monterrubio de la Sierra; vino aquí de pastor, se casó y se quedó», cuenta. Su padre, también pastor, llevó la vecera del pueblo. Cuando pasó de las 300 se decidió a hacer la trashumancia. De eso hace 18 años. Y con él bajó la familia, su esposa y la hija mayor (a punto de ser veterinaria). Luego nació la pequeña. Este año el rebaño de Escalona arribó a Redipuertas el 17 de junio. Regresarán a primeros de noviembre. «Por aguantar, casi todos los años me pilla la nieve», comenta. Las 900 ovejas de su rebaño benefician los pastos de Vegarada y Redipuertas y los prados de la vega del Curueño y Río Pinos. Donde antes pastaban cinco rebaños de mil ovejas cada uno, ahora sólo se ve el suyo.

El nieto de Joseíllo asegura que «el que está con ovejas es porque se ha criado entre ellas. Sólo quedamos cuatro locos». El oficio de pastor está «desprestigiado y es muy esclavo» y como ganadero confiesa que sin las subvenciones de la Unión Europea, 24 euros, es «imposible» subsistir. Ya no es como antaño que con la lana se cubría el coste de las ovejas.

Probó los ladrillos y optó por las merinas y piensa jubilarse de ganadero. Tiene vocación y oficio. Asegura conocer a todas sus ovejas, aunque «no por el berrido». Tener casa en el pueblo y una nave como majada facilita su trabajo, aunque a partir del 15 agosto la no le dejará levantar cabeza. Otro golpe a la tradición trashumante es que «se subieron mucho los pastos con las vacas, en perjuicio de la trashumancia (de ovejas)», apostilla. Para él, subir al puerto es un descanso y para los animales un alivio: «En Trujillo, a 40º C, las ovejas tienen hasta pena».

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