La biblia de Pereira
El ministro propone a Miguel Martínez que cada cliente del Parador Nacional reciba un libro del escritor villafranquino

Úrsula Rodríguez, Amancio Prada, Juan Carlos Mestre y José Antonio Robés, ante el mural "La feria de San Antonio"
Lo recordó el ministro. Los clientes de los hoteles de los Estados Unidos suelen encontrarse una Biblia en el cajón. El que busca consuelo en las Sagradas Escrituras lo encuentra cada noche antes de acostarse y si quiere, se lleva después el libro a su casa.
Con Antonio Pereira, —que ya es «polvo de estrellas», como recordó el cantautor Amancio Prada— tiene que pasar lo mismo en el Parador Nacional que lleva su nombre en Villafranca. También lo reclamó el ministro, que terminó una intervención salpicada de cifras económicas sobre lo bien que va el turismo en España, recalcando que la mejor promoción que se puede de hacer de un autor fallecido, es difundir su obra.
«Cuando llegas a un hotel en Estados Unidos, te dan una Bilblia y te dicen, ‘por favor, llévesela’», relató Miguel Sebastián para pedir al presidente de Paradores, Miguel Martínez, que además de cumplir su promesa de enviarle las obras completas del villafranquino deje un libro de el autor de Las ciudades de poniente y Oficio de volar en cada cuarto del establecimiento reformado con una nota que diga al cliente «por favor, lléveselo».
Al menos ayer, quienes asistieron a la reinauguración del parador pudieron llevarse un pequeño ejemplar editado por Paradores con tres cuentos — Los preventivos , Obdulia, un cuento cruel , y Las peras de Dios — y un poema del villafranquino donde aparece el establecimiento hotelero en donde escribió versos y páginas de ficción y donde se alojaba cada vez que regresaba a su localidad natal. «Se está bien en el Parador, pero no me gusta acostarme en la cama con dosel de la suite», comienza Pereira el primero de los tres cuentos.
La palabra de Pereira, fallecido el 25 de abril del 2009, con la reforma del Parador sin concluir, tomó cuerpo en las voces de Amancio Prada y del poeta Juan Carlos Mestre. Los dos, uno con la guitarra y acompañado de un violonchelo, y el otro con su habitual forma de recitar, —y ante un auditorio donde no faltaba la viuda del escritor, Úrsula Rodríguez— se recrearon en las metáforas de Pereira, que el poeta agrupó en 2006 en la antología Meteoros .
Mestre, también villafranquino y coautor junto al fotógrafo José Antonio Robés del mural La feria de San Antonio, que ocupa una de las paredes del Parador en memoria de Pereira, aseguró que escritor, al igual que Ramón Carnicer, Ramón González Alegre y Gilberto Núñez Ursinos, «contribuyó a que en Villafranca, las cosas pendientes de ser soñadas formaran parte de la realidad». Y recordó su compromiso con los que no tienen voz y los que resisten, como el luchador francés contra la ocupación nazi Jean Moulin.
Biblias aparte, y aunque el Parador Nacional ayudará a que en Villafranca siempre recuerden su nombre, Prada y Mestre no dejaron de recordar que Antonio Pereira era un hombre que no estaba obsesionado con la trascendencia. «Amaba los trenes que no tienen prisa por llegar a la eternidad», dijeron.