Diario de León

la otra cara de la enfermedad mental | Historias que cambian el mundo

Vidas que combaten el estigma

León cuenta con 48 plazas en viviendas que ayudan a enfermos mentales graves a independizarse. Santa Isabel ultima la reubicación de los últimos 19 pacientes no psiquiátricos en centros sociales.

Publicado por
A. Gaitero / C. Tapia | león
León

Creado:

Actualizado:

«¡Marquesina real ya!». La pintada, en la parada de autobús del hospital psiquiátrico Santa Isabel, es obra de un paciente. El ‘grito’ escrito sobre el banco, donde a diario se sientan enfermos mentales que entran y salen del hospital y usan el autobús como cualquier ciudadano, es el primer signo de cambio de lo que hace 20 años era un manicomio cerrado y estigmatizante.

En este lugar apartado de Puente Castro han mudado muchas cosas. De ser almacén y cárcel de locos —había 400 personas sin clasificar ni diagnosticar— ha pasado a contar con 117 plazas asistenciales en unidades específicas, dos de ellas de ámbito autonómico, y está a punto de culminar la reubicación de los últimos 19 pacientes no psiquiátricos —personas con retraso mental— en centros de atención a minusválidos psíquicos.

La transformación del antiguo manicomio está a punto de culminar. «Va a ser el primer psiquiátrico del país que complete la reforma total», apunta el director médico, Jesús Morchón. «No se han dado altas arbitrariamente, sólo a los pacientes que eran residenciales y han sido acogidos en otros dispositivos», matiza.

Estos pacientes no psiquiátricos se han realojado en colaboración con Servicios Sociales a una media de 15 por año, siendo 2006 el período con más salidas registradas (50).

La creación de alojamiento alternativo a la institucionalización indefinida es uno de los pilares de la reforma psiquiátrica en la vertiente que afecta a los pacientes con enfermedades mentales crónicas graves, como la esquizofrenia.

La antigua casa del cura de Santa Isabel se convirtió, en 1992, en la primera vivienda alternativa. Es el piso de entrenamiento. Actualmente hay 48 plazas que, con excepción de Santa Isabel (cuatro plazas), están repartidas en diez viviendas en León y Ponferrada.

Dos son de tipo sanitario, los pisos tutelados desde Santa Isabel, sólo para hombres: «Aún no nos hemos atrevido a hacerlos mixtos», confiesa Morchón. Otras siete viviendas son supervisadas por Alfaem, la Asociación Leonesa de Familiares y Amigos de Enfermos Mentales, con el apoyo económico de Servicios Sociales. Y la última es una vivienda independiente en la que las personas con enfermedad mental comparten los gastos y reciben un mínimo apoyo profesional.

El primer escalón para retornar a la normalidad es el piso de entrenamiento de Santa Isabel. Esta dirigido específicamente a pacientes de la unidad de rehabilitación que presentan limitaciones graves en la autonomía personal derivados de su enfermedad mental, especialmente de la psicótica. Bajo la supervisión de auxiliares de enfermería aprenden o reaprenden las labores más elementales de la vida cotidiana: desde tender la ropa a cocinar.

«El objetivo es capacitarles para integrarse a una vida más normalizada, ayudarles a reconocer la enfermedad, a aprender a pedir ayuda y a responsabilizarse de sí mismos y de su tratamiento», explica el psiquiatra. Al cabo de un año, con permisos de fin de semana y vacaciones, vuelven a su casa o pasan a uno de los dos pisos tutelados por Santa Isabel fuera del recinto hospitalario.

Los usuarios de los pisos tutelados —sólo para hombres, por ahora— tienen un perfil concreto: «Son personas con una patología mental grave, de larga evolución, y con difícil sostén familiar, social y económico», explica Morchón. En uno de los pisos las estancias se prolongan hasta cuatro años por las características y circunstancias de los pacientes. «Son personas que tienen problemas para integrarse laboralmente y sus pensiones son de unos 400 euros, con lo que tienen muy difícil vivir por su cuenta».

En el segundo piso tutelado «hay más movimiento y se renuevan las plazas con pacientes de la unidad de rehabilitación». Entre 15 y 16 enfermos pasan por estas viviendas cada año, con cuatro plazas en cada uno de los pisos. «Desde el punto de vista de la salud nos interesa saber cómo funcionan las personas en la convivencia», añade. Los pisos tutelados dependen de la Unidad de Rehabilitación. Los usuarios acuden una vez a la semana a la consulta.

tracking