La hora de saldar cuentas
La crisis ha puesto en evidencia que la economía española tenía muchas debilidades, pero las más graves se han destapado con virulencia. Casi 5,3 millones de parados y unas entidades bancarias que se han convertido en el cuello de botella de la financiación.
Desde el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, que antes de llegar al cargo ya defendía en Dinero que se había actuado «claramente tarde», a autoridades monetarias europeas y expertos —el último, José Manuel González-Páramo, consejero del BCE y en las quinielas para gobernar el Banco de España a partir de julio, que habla de un sistema «sobredimensionado»— coinciden en la necesidad «urgente» de una nueva reforma financiera.
La duda es si será la definitiva, pues desde octubre del 2008 (tras estallar la crisis) hasta febrero del 2011 (reforma de las cajas) ha habido media docena de modificaciones del sistema financiero español, si bien de distinto calado.
En el Gobierno barajan que el agujero inmobiliario actual del sistema financiero es de 50.000 millones de euros. Aunque distintos institutos y entidades, nacionales e internacionales, lo elevan hasta una horquilla de 70.000-75.000 millones de euros. Así las cosas, el compromiso del presidente Mariano Rajoy de que la reforma «no le cueste dinero al contribuyente porque no tiene la culpa», resulta casi imposible de mantener. Y ni el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB, Estado) ni el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD, bancos) tienen toda esa cantidad.