LA CITA SOCIALISTA | EL RESULTADO
El PSOE se queda con Rubalcaba
El 38 Congreso de los socialistas deja grandes heridas en todas las federaciones y rompe Andalucía en dos. El nuevo secretario general del partido gana por una diferencia de 22 votos sobre Carme Chacón.

Alfredo Pérez Rubalcaba saluda después de ganar la Secretaría General Socialista en el Congreso de Sevilla.
No fue una victoria aplastante, pero tampoco nadie lo esperaba. Alfredo Pérez Rubalcaba fue elegido ayer secretario general del PSOE por 22 votos de diferencia sobre Carme Chacón, bastantes más de los 9 que José Luis Rodríguez Zapatero sacó a José Bono en el año 2000, pero menos de lo que, en los últimos días, había vaticinado su equipo, en un intento de contrarrestar la imagen de euforia que trasladaban en cada uno de sus comentarios los seguidores de la política catalana. Su tarea es ahora reconstruir un partido hecho trizas, despojado de poder institucional, arrinconado por un Partido Popular más fuerte que nunca y tremendamente dividido.
El 38 Congreso Federal deja tras de si importantes heridas. Era ya una evidencia, tras la debacle electoral de las autonómicas de mayo, que ningún secretario general podía presumir de contar con el respaldo unánime de los suyos. Pero la lucha por colocar delegados ha puesto al descubierto fracturas enormes; la más grave, en Andalucía. Si hay un gran perdedor en esta contienda —al margen de la propia Carme Chacón y los socialistas catalanes— es el presidente de la Junta, José Antonio Griñán.
Su cara, al leer los resultados del escrutinio, como presidente del cónclave, no pudo ser más elocuente. Era el rostro de un hombre que echó un órdago a la grande cuando no tenía cartas suficientes. Su apuesta por Chacón, en la recta final de la campaña, llegó a poner realmente nerviosos a los partidarios del exministro del Interior. Hasta el último minuto, insistían en que a ellos les salían las cuentas, pero la mera posibilidad de que el candidato a presidir Andalucía se hubiera lanzado a una piscina sin agua a dos meses de las elecciones resultaba difícil de creer. Y, según confiesan distintas fuentes, por momentos llegó a quebrar su confianza.
Fue el dirigente andaluz el que quiso que el Congreso Federal se celebrara antes de que él tuviera que someterse a las urnas, el 25 de marzo, y le hicieron caso porque todo el PSOE entendía que había que aprovechar cualquier oportunidad de invertir la tendencia de las encuestas para preservar la Junta, en manos de los socialistas desde hace 30 años. Si el desafío era elevado; ahora son muchos los que lo juzgan directamente imposible.
Lo que hará ahora Rubalcaba con todos los que han batallado en su contra está por ver. En su discurso, justo antes de la votación, el veterano dirigente aseguró que no actuará con inquina. «Yo odio el sectarismo, lo odio —aseguró—; no soy sectario ni con quienes son sectarios». Los suyos no ocultaron su satisfacción por haber ganado a los «aparatos» de Cataluña, Andalucía, Madrid y Castilla-La Mancha. Sin embargo, durante la campaña él siempre aseguró que si ganaba seguiría el ejemplo de integración de Zapatero, que no sólo contó en sus ejecutivas y en sus Gobiernos con quienes habían votado en su contra esino que llegó a hacer ministro y tercera autoridad del Estado al mismísimo Bono. Sin embargo, en este caso no contará con Chacón, porque ella misma le comunicó que no quiere ningún cargo en la dirección del partido ni del grupo parlamentario.
Rubalcaba no pretende ser revolucionario y tampoco tiene prisa.Aunque por un porcentaje mínimo, los 956 delegados con derecho a voto optaron por lo conocido y por lo que les podía ofrecer más seguridad. En su discurso, Rubalcaba apeló al legado de Pablo Iglesias, de Felipe González y Guerra, pero también a su lexperiencia «He servido a mi partido desde muchos sitios, de abajo a arriba y nunca imaginé que pudiera ser secretario general pero si me dais confianza responderé con lo que el PSOE necesita: cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE».