«Que curre en el Burger King»
Tres centenares de manifestantes reciben al duque en el juzgado con cánticos y parodias.

Los manifestantes, con pancartas y banderas independentistas, a la puerta del juzgado.
Muchos cánticos, pancartas, alguna parodia, incluso aplausos al juez y a los fiscales del caso Urdangarin, aunque también todo tipo de insultos gruesos al duque y al resto de la Familia Real. Pero ningún incidente más allá del lanzamiento de un par de huevos contra la parte trasera del vehículo de Iñaki Urdangarin, que obviamente no provocaron ningún tipo de daño.
Los temidos manifestantes «radicales», como les calificó la policía para reclamar insistentemente que el yerno del Rey no hiciera el paseíllo, se quedaron en no más de tres centenares de personas tan pacíficas como reivindicativas. Y eso, en los momentos de mayor afluencia de la jornada, porque según avanzaba el día solo un puñado de personas, entre ellos muchos curiosos y vecinos, hicieron guardia a las puertas de los juzgados de Vía Alemanya.
El ambiente fue festivo entre los activistas que respondieron a la triple convocatoria republicana, independentista catalana y contra los recortes sociales. La senyeras esteladas se mezclaron con las banderas tricolores y con las pancartas que reclamaban otra respuesta contra la crisis al más puro estilo 15-M.
La panoplia de consignas fue tan larga como la jornada judicial: «Urdangarin, que curre en Burger King», «falta Cristina, no están todos», «lo llaman justicia y no lo es», «la policía protege a los ladrones», «borbones a los tiburones» o «queremos un pisito como el del principito». E igualmente extensa fue la variedad de las pancartas entre la que destacaba la enorme caricatura de Urdangarin con un maletín cargado de dinero y la leyenda «Nóos forramos».
Los momentos con algo más de tensión, sin duda, fueron las llegadas y salidas de la comitiva ducal, que por la mañana —antes de que alejaran algo más a los congregados— pasó a solo unos metros de la concentración. El importante dispositivo de seguridad, no obstante, hubiera hecho imposible cualquier tipo de «agresión» como apuntó Interior. Una barrera de escudos de los antidisturbios se alzaba cada vez que el coche del exdeportista se movía.