El mercado de sangre acabó por León

La primera Hermandad de Donantes de la provincia, precursora de las campañas nacionales. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad compró en León la primera unidad móvil de España en 1973.

Los leoneses realizaron 13.000 donaciones durante el 2011.

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carmen tapia | león
León

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León fue pionera en el año 1972 en las campañas en contra de la compra-venta de sangre, lo que en esos años se denominaba «tráfico de oro rojo», como recuerda el primer presidente de la Hermandad de Donantes de Sangre de León, José Antonio Lemonche. Hematólogos y donantes, apoyados por la sociedad civil, militar y los medios de comunicación de León iniciaron una campaña, que se prolongó durante varios años, para acabar con este mercado, que gestionaban los bancos privados de sangre. En León había uno, el que dirigía el especialista César de la Parte, que abastecía al hospital Princesa Sofía y clínicas privadas conforme a la legislación vigente en España, que permitía la compra venta de sangre ante la escasez de donaciones. En el año 1972 sólo había 142 donaciones altruistas en León. En 1974 el Hospital Virgen Blanca tenía registrados a 700 donantes altruistas. «Las necesidades no se cubrían y había que recurrir al banco privado», recuerda la jefa del servicio de Hematología del Hospital de León, María Jesús Moro, una de las especialistas que más trabajó junto a la Hermandad en los años 70 en las campañas de concienciación en los pueblos. «Dábamos charlas y proyectábamos películas. Después volvíamos el domingo a la salida de misa. Había colas para donar». En el 2011, cuarenta años después, en León se realizaron de forma altruista 13.000 donaciones.

Las dificultades

En la campaña que se impulsó desde León, respaldada por el secretario general de la Comisión Nacional de Hematología y Hemoterapia de la Seguridad Social, José María García de Viezna, participaron también donantes madrileños. Cantabria, Zaragoza, La Coruña y otras provincias se sumaron al proyecto. «Fueron años difíciles, de mucha lucha, y lo hacíamos sin cobrar nada, de forma altruista», recuerdan Lemonche y María Jesús Moro.

Lemonche, ahora jubilado como jefe de negociado para el noroeste de Telefónica. recuerda desde su retiro en Málaga que fue precisamente su profesión y la de la mayoría de los voluntarios de la Hermandad en León —ninguno especialista en medicina— lo que provocó el rechazo de los anestesistas de los bancos privados. «Al principio de los 70 los dueños de los bancos privados se resistieron», recuerda. Pero contaron con el apoyo de los hematólogos. Las campañas resultaron tan eficaces en León que el Hospital Virgen Blanca dejó de comprar sangre el año 1975. En 1985 la ley prohibió esta práctica en toda España y en León se cerró el banco privado el 15 de octubre de ese año.

Comprar y vender

Es el recuerdo de esta lucha, de la que ahora se cumplen 40 años, lo que lleva a Lemonche a calificar como «una bofetada y una marcha atrás» la propuesta del presidente de la farmacéutica Grifols de legalizar el pago por las donaciones de plasma. En una conferencia en la escuela de negocios Esade, el presidente del tercer productor mundial de hemoderivados defendió hace unos días su propuesta para que España deje de importar el 80% de plasma, que en Estados Unidos sí es retribuido. En algunos estados americanos pagan 100 dólares por cada donación de plasma y 80 dólares por la donación de sangre. «Rechazo absolutamente el pago por la donación de sangre», asegura la jefa del servicio de Hematología del Hospital, la doctora Moro. «He vivido en León esa época. Se pagaba a estudiantes y personas sin techo, que recurrían a la donación como medio para obtener dinero. El gran logro de España fue conseguir que sólo hubiese donación altruista con donantes sanos y generosos. Es una gran seguridad».

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El presidente nacional y secretario general de León de la Federación de Donantes de Sangre, Martín Manceñido, defiende la donación altruista desde un punto de vista ético. «La sangre es como un órgano, no se puede traficar con ella. En el 2003 el Consejo de Europa reforzó la restricción y apuntó que no sólo no se podía traficar con sangre y plasma sino tampoco con órganos. Lo que hacía el Consejo de Europa era reforzar el hecho de que el cuerpo humano es inalienable».