Diario de León

león lucha por la minería La última etapa

Orgullo minero con sabor agridulce

. «Todavía no hay victoria», afirma un minero tras culminar los 500 kilómetros de la gesta en la Castellana. . Los mineros disfrutan de haber sembrado la esperanza en la clase obrera y aseguran que no son héroes.

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norberto cabezas FOTOS
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Los mineros y mineras cumplieron y lograron la gesta de los 500 kilómetros. «Llegaron los pies», dijo Martín Teixeira. Las columnas negras de las cuencas carboneras emplearon casi cuatro horas en recorrer apenas cuatro kilómetros. La última etapa de la III Marcha Negra, tras 20 días a paso ligero por las carreteras, se hizo lenta, muy lenta. Se ganó otra batalla aunque «todavía no hay victoria», señaló Sergio Pérez Cruz , minero de la Hullera Vasco Leonesa.

Los mineros han ganado veinte peleas con el dolor de sus pies, una por cada jornada de caminata, dentro y fuera de las cuencas mineras. Pero la guerra continúa. Regresaron a sus casas con el «sabor agridulce» de haberlo dado todo sin alcanzar el triunfo merecido, admitió la minera asturiana Concepción Alonso . «Hasta la victoria, mineros. Sois el orgullo de la clase obrera», les anima la gente al otro lado del cordón de seguridad, que aisla a la columna del calor humano de sus familias y los habitantes llegados de las cuencas.

«No os dejaremos tirados», prometieron las personas más entusiastas. Los mineros llegaron antes de las diez de la mañana a la plaza de Colón y se formaron en cinco filas: Javier Menéndez , Piki , de Villablino, y Pepín , el de Palacios del Sil encabezan la segunda con la bandera de León. Plácido Álvarez , posteador, de Matarrosa del Sil, va al frente de la cuarta con la blanquiazul berciana. Están felices. Sin palabras por la emoción acumulada de la noche anterior. Apenas han dormido.

«Estoy con muchas ganas, como si no hubiera andado nada porque tenemos a mucha gente detrás», afirma José Gomes , de Fabero del Bierzo, satisfecho de haber contribuido a «despertar a Madrid y a toda la gente que estaba dormida».

Los mineros han dejado al paso de la marcha negra beneficios en lugar de daños colaterales. «Estoy más orgulloso que nunca de ser minero. ha merecido la pena. Hemos conseguido que la gente empiece a creer en sí misma», dijo Luis Óscar López .

A cambio, ellos no cobran porque llevan 46 días en huelga y han estado separados de sus familias por andar en busca del pan. « Soria tiene que rectificar. Ha tenido que ver hoy a los mineros. No son violentos, sólo cuando les provocan. No hemos tenido ningún problema por el camino», insiste Pepín . Su esposa, Begoña García Armesto , le espera al final del recorrido.

Paula también espera a su padre, Gespa . Y Marta va detrás de Pedro Leite en el cordón de seguridad. Quieren estar cerca de sus mineros queridos. No estoy contenta porque estamos igual que al principio y hay unos hombres que llevan 52 días encerrados», se sincera la esposa con un toque de amargura. No parece Marta . Su marido está emocionado y dice que tenerla cerca en la etapa final es «lo único que me importa». «Me ha merecido la pena las ampollas, dolores de pies... todo», añade.

Quieren tocarles. María Luisa Gómez , tía de Secundino Rodríguez , consigue burlar el cordón y atravesar tres columnas hasta abrazar a su sobrino entre lágrimas. «Le he visto muy cansado, porque es muy duro el camino», afirma. Lo dice por experiencia: su marido, Pedro Rodríguez , hizo la Marcha Negra de 1992, hace veinte años.

La esposa de Tomás Lópe z, el de Penoselo, no ha podido venir, «pero es como si estuviera», dice el hombre todavía sorprendido por el impacto que ha causado su llegada a Madrid. Se calcula que más de medio millón de personas se movilizaron en la noche en que los mineros iluminaron el centro de la capital. «Sólo siento el corazón, ya no siento el dolor de los pies. Estamos nuevos otra vez», afirma contento.

La marcha no ha sido inútil, piensa, aunque Soria no se asome a la ventana y blinde con vallas y un imponente dispositivo de fuerzas antidisturbios el Ministerio de Industria y sus aledaños. «Ahora saben que no estamos solos y si tuviera un mínimo de dignidad dimitiría», añade el minero.

Sergio Pérez Cruz busca a su madre, Remedios Cruz . «Me acabo de enterar de que se lesionó en un pie cuando iban a emprender el viaje a Madrid. No quiso que su marido faltara y se negó a que la acompañara al hospital. «Estoy emocionado y muy orgulloso porque pensé que no iba a ser capaz», apuntó José Froilán Pérez . Nuria , la novia de Sergio , estaba segura de que lo lograría. «Estoy orgullosa de que lo hayan conseguido luchando y que tengan estos huevos. Soy de Madrid y he vivido cosas como estas a menudo, pero como ésta pocas. Me alegro de que estén en mi casa».

«¡Sois héroes!», grita una mujer. «Nada de eso, somos como ustedes, como vosotros», responde con voz potente Óscar Valle . Es su cumpleaños, 35 años, y sus padres le han felicitado en su última etapa a Madrid. En el Paseo de la Castellana, envuelto en orgullo minero. «Pensé que iba a ser fuerte, pero se rompe uno», confiesa emocionado.

«Ya se verá si conseguimos los objetivos pero ver a la clase obrera unida ha sido una satisfacción personal muy fuerte, especialmente por el recibimiento en la capital de España», apostilla Jonathan Buenosvinos .

El orgullo minero avanza sobre la Castellana. Los mineros se sientan por tercera vez para cantar el himno de Santa Bárbara. «Los mineros sólo nos arridllamos ante ti», recuerda la camista de un marchista. Hasta seis veces rinden tributo a su patrona antes de llegar ante el Ministerio de Industria a exigir que se moderen los recortes al carbón. «No se trata sólo de que reduzcan las ayudas un 63%. Es que va a haber una disminución del 40% de la producción», advierte un minero asturiano.

El padre, la madre y la hermana de Tomás Da Silva también caminan a su lado. María Vázquez llora de emoción. «Ellos luchan y luchan por su pan...», dice con resignación. Su hijo hace la cuarta generación de mineros en la familia. El padre estuvo 33 años en el tajo. La hermana teme que Tomás no llegue a prejubilarse. «Es el único hijo que le queda sin prejubilarse», dice Avelina señalando a la madre.

El orgullo minero se hace universal. «Estoy orgulloso de ser pobre y obrero», afirma César Álvarez . La gesta de los mineros, advierte, es un aviso a la clase política: «Que se den cuenta de que no somos gilipollas».

La marcha discurre lenta, muy lenta. Y el calor de Madrid achicharra. Los mineros piden agua. Hay tiempo. Ahora bailan. Y cantan: «¡Qué buenos son los alcaldes del PP, qué buenos son que nos llevan de excursión!», imitando una vieja coplilla dedicada a los curas. «A los alcaldes se les llena la boca diciendo que apoyan a los mineros y luego tienen que hacer caso al que tienen por encima. Eso es una traición a los votantes porque en las municipales votamos a las personas. Que se cambien de partido y se unan a otro que nos apoye para que se jodan y el PP pierda poder», afirma uno de los de la columna berciana.

A Miguel García España le saludan desde el otro lado del cordón. Es su ex compañero José Luis Merayo, pedáneo de La Ribera de Folgoso. «Estoy aquí para apoyarles y que se siga manteniendo lo que ha sido nuestro pan durante muchos años», afirma el prejubilado. «¡Vivan las comarcas mineras!», anima Felipe Rodríguez .

«Los mineros sólo nos arrodillamos ante ti», recuerda la camiseta de uno de los marchistas en la última etapa de la III Marcha Negra. Otra pancarta se eleva entre las columnas: «Ánimo Orlando». Jesús Menéndez, compañero del minero accidentado en Cerredo, es el encargado de mostrar públicamente el apoyo para reforzar su lucha por salir adelante en el hospital.

Fue Alejandro, un minero asturiano que murió en accidente de tráfico, por quien se guardó un minuto de silencio en el campus universitario y no Orlando. Los errores no sólo hay que rectificarlos. Hay que pedir perdón por el daño. A la familia y a sus amistades y compañeros especialmente. ¡Ánimo Orlando!.

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