Diario de León

El PSC designa candidato a Navarro con la misión de frenar su caída libre

Montserrat Tura junto a Pere Navarro, tras la elección de este último.

Montserrat Tura junto a Pere Navarro, tras la elección de este último.

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cristian reino | barcelona
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Sin tiempo material para celebrar unas elecciones primarias abiertas a la ciudadanía para elegir a sus candidatos, los socialistas catalanes improvisaron ayer domingo una especie de primarias exprés, en las que el alcalde de Terrassa, Pere Navarro, se impuso con rotundidad a Montserrat Tura, ex consejera de Justicia e Interior en los gobiernos tripartitos.

Con el 73% de los votos del Consejo Nacional del PSC, Navarro fue elegido cabeza de cartel de los socialistas catalanes. Obtuvo un apoyo similar al que consiguió hace nueve meses para hacerse con la jefatura del partido, en sustitución de José Montilla. En aquel congreso, Navarro, casi un desconocido, asumió la dirección con el mandato de oxigenar, renovar y preparar una alternativa para el 2014, ni de lejos podía imaginar que a estas alturas tendría que presentarse como candidato. Pero a raíz de la manifestación de la Diada, los acontecimientos en Cataluña se desarrollan a una velocidad de vértigo.

Hábil jugada

Está cada día más claro que el adelanto electoral decidido por Artur Mas fue una jugada muy hábil, ya que ha cogido a todos sus rivales a contrapié y en algunos casos, como el del PSC, sin discurso para dar respuesta al tsunami independentista que supuso la marcha del 11 de septiembre.

Biólogo de formación, apasionado por las nuevas tecnologías, casado y padre de dos niñas, Navarro, alcalde de Terrassa desde el 2002, tiene ante sí una labor «muy dura», según reconocen en las propias filas del PSC, donde reina un moderado pesimismo. Una tarea casi titánica, en la que además parte con algunas rémoras, sobre todo la posición de partida del PSC.

Tras encadenar tres derrotas consecutivas —en las autonómicas, donde pagaron la crisis; en las legislativas, donde fueron arrastrados por el hundimiento del zapaterismo; y en las locales, donde perdieron hasta Barcelona y Badalona— los socialistas catalanes se sumieron en una depresión colectiva, de la que aún no han salido. En diez años, el partido ha perdido casi la mitad de los escaños y, según las encuestas, esta caída libre aún no ha tocado fondo. Aun así, sus dirigentes tratan de transmitir moral a la tropa y afirman, en público, que van «a por todas».

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