Con el botón de ‘pánico’ apretado
Al contrario de lo que suele ser habitual después de una jornada electoral, Rubalcaba no reunió ayer a la Ejecutiva, sino a la Comisión Permanente, los dirigentes más fieles a él, para analizar el batacazo en Galicia y Euskadi. Ni a él se le ha pasado por la cabeza dimitir ni nadie de los asistentes se lo ha planteado y restan importancia a las críticas sobre su línea de oposición y a las voces que le reclaman que se vaya.
Son «los de siempre», en alusión velada a algunos dirigentes que, de acuerdo con el análisis de la dirección federal, aprovechan cualquier circunstancia para intentar echar leña al fuego en beneficio propio. A ‘los de siempre’ se les recuerda que no sólo la dirección federal tiene poco crédito entre la ciudadanía, sino que la mayor parte de los barones territoriales no sufre mejor suerte y su valoración en las encuestas suele estar por detrás de la de sus homólogos del PP en las respectivas comunidades.
El análisis: que el PSOE ha gobernado hasta hace muy poco, y los primeros recortes se tomaron con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa, lo que repercute no sólo en el ámbito nacional —castigado en las urnas el 20N— sino también en el autonómico. Y son conscientes de que los ciudadanos van a seguir castigándoles en las urnas si la crisis empeora.
Porque, según creen, mientras el PP se benefició en el pasado del agravamiento de la situación económica, el PSOE se ve directamente perjudicado por ella, porque la gente les sigue culpando.
El calcetín socialista
Para ello, y para no acabar como el Pasok griego, reducido a tercera fuerza política, van a dar la vuelta a su proyecto como si fuera un calcetín, lo que escenificarán en las tres conferencias políticas programadas inicialmente hasta el 2014 pero que se concentrarán en poco más de un año. Y ni una palabra de que rueden cabezas.
La dirección sí ha hecho saltar las alarmas y ha pulsado el botón del pánico para no dormirse en los laureles pensando que hay mucho tiempo por delante para remontar.
Ahora se trata de volver a recuperar la confianza de los electores, tratar de ilusionarles, y para ello quieren pasar a la acción, hacerse más visibles, demostrar que pueden ser alternativa y, sobre todo, conectar con la gente.
Las elecciones catalanes del 25 de noviembre pueden ser el laboratorio de pruebas de esta nueva estrategia. La última prueba de Rubalcaba.