El turrón se come en casa
Políticos, empresarios, sindicalistas y deportistas no se saltan la tradición en su celebración de la Navidad . Prada ‘A Tope’ pasa la Nochebuena en una cabaña «sin luz ni nada» y Del Olmo, la Nochevieja en Baqueira.
Al más puro estilo de estos ilustres de linaje con su nobleza, a las diferentes personalidades del mundo de la política, la economía, el deporte y de todos los ámbitos sociales de León les obliga la familia y la tradición, a la hora de celebrar la Navidad.
«En casa y en familia», es la respuesta casi unánime de todos, para acto seguido remarcar que prácticamente lo que hacen, en Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, no se sale de lo que es «habitual y tradicional; vamos como todo el mundo», puntualizan en su mayoría.
Si a esto se le añaden el saber dividirse para poder disfrutar de la familia propia y la política, las celebraciones navideñas de aquellos que a lo largo del año llenan las páginas del periódico, por sus méritos o deméritos, difieren poco o nada de las del resto de leoneses, porque también comen el turrón en casa, en León.
Pero en esto como en todo hay excepciones. Aquellos que se saltan la regla y que preferieren salirse de su vivienda habitual en cualquiera de los días para pasarlos, eso sí, con su familia. Es el caso de José Luis Prada ‘A Tope’, que elige para pasar la Nochebuena con su mujer Flori y su hijo una cabaña «sin luz ni agua ni nada», como él mismo la describe, en La Braña de Palacios del Sil . El porqué se van ahí lo explica Prada: «Allí pasé una Nochevieja de hace diez años y a mi hijo le encanta». Flori, su mujer, preferiría quedarse en casa, «pero pierde en la votación».
En el otro extremo está el periodista Luis Del Olmo que se marcha, justo después de Navidad, a otra montaña muy distinta, con mucha luz, agua y todas las tecnologías habidas y por haber; y nieve, que le gusta pisarla: el Valle de Arán. Allí es donde el periodista berciano se despide de este 2012 y recibe el Año Nuevo, rodeado de sus amigos.
Fiestas en familia y como manda la tradición, pero marcadas por la crisis económica, que viene también a recortar en el gasto en los menús. Todo en una Navidad en la que a alguno lo que dan ganas es de «llorar».