El reto de viajar con uno mismo

Un peregrino, en uno de los trayectos que recorre la provincia de León.
Recorrer al Camino no es sólo una cuestión de forma física. El dolor de los pies, las ampollas y las agujetas son un mal menor comparado con la experiencia que experimenta el caminante al enfrentarse con sus pensamientos más íntimos. Son casi 800 kilómetros para pensar en el futuro y esa visualización interna duele lejos de los pies.
El presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, Luis Gutiérrez Perrino, explica que para recorrer el Camino no sólo hay que procurar tener una buena preparación física. «Hay gente que no resiste enfrentarse solo con sus pensamientos a una recta de 5 kilómetros». El recorrido da para mucho. «Es una experiencia que nos demuestra que podemos vivir con mucho menos de lo que creemos. El Camino produce cambios. Nos damos cuenta de que se puede vivir con lo mínimo».
La transformación
Gutiérrez defiende que cuando el Camino se acaba el peregrino sigue avanzando. «No es una ruta para pasar unas vacaciones sino para defender la espiritualidad del peregrino porque va siempre a un lugar sagrado, la tumba del Apóstol Santiago».
Las motivaciones de los caminantes son importantes para la consecución de los objetivos y el éxito de la expedición. El 80% de los peregrinos recorre el trayecto por motivos espirituales y el otro 20% por motivos religiosos. «Todos ellos son amantes de la naturaleza y la tierra».
La transformación llega después de diez días de caminata. «A partir del décimo día el caminante sufre una transformación, pero hay que aguantar no sólo físicamente sino espiritualmente. Los peregrinos que no se preparan psicológicamente para afrontar el trayecto abandonan el segundo día».