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antonio montilla | madrid
León

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Desde que el pasado 25 de febrero empleó la inadecuada expresión de «simulado y en diferido» para referirse al finiquito que el PP habría pagado a Luis Bárcenas —y que el ex tesorero niega—, María Dolores de Cospedal no ha vuelto a pronunciarse en público ni sobre la supuesta contabilidad B del partido ni sobre la imputación de la que persona que controlase durante más de dos décadas la contabilidad de la formación.

De hecho, la número dos del PP no volverá a pisar la sala de Génova donde se celebran las ruedas de prensa hasta, al menos, después de Semana Santa. Esto significa que cumplirá más de un mes sin atender a los informadores, algo poco usual en ella.

Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría sí han comparecido esta semana ante los medios de comunicación, pero ambos han mantenido la misma postura que Cospedal: eludir cualquier pregunta sobre el ex tesorero del PP.

Tanto el líder del PP como Cospedal intentan, contra viento y marea, pasar la pesada página de la corrupción para centrar al partido en la defensa de las reformas del Gobierno, alguna de ellas muy controvertidas.

Una estrategia que, de momento, choca con las últimas decisiones judiciales. Veinticuatro horas después de que el juez Ruz detectase pagos de la trama corrupta de Gürtel en la contabilidad oficial del PP, Cospedal intervino en un acto de partido —hoy domingo lo hará en otro—, como si se tratase de una campaña electoral. Este formato le da la oportunidad de transmitir el mensaje que quiere, sin el riesgo que supone enfrentarse a preguntas de actualidad. Una modalidad a la que se han apuntado otros líderes políticos. Alfredo Pérez Rubalcaba, por ejemplo, tampoco concedió este sábado preguntas tras tomar parte en un acto con jóvenes socialista en La Rioja.

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Y la tesis de los populares es que, en un país con seis millones de parados, las andanzas de Bárcenas no son la prioridad. La número dos del PP, por lo tanto, no hizo alusión alguna al ex tesorero. Pero otros oradores, como Carlos Floriano, dejaron claro que la corrupción en casa propia no, pero sí en la ajena. El vicesecretario de Organización del PP no tuvo ningún problema en denunciar los «intereses torticeros» de la trama de corrupción de los ERE en Andalucía. «Casi 1.000 millones de euros destinados a ayudar a los parados, dinero público, que ha sido utilizado por una trama corrupta organizada en la Junta de Andalucía para beneficiarse unos pocos», espetó.