Diario de León

Valentín Cabero catedrático de geografÍa usal

«Estamos ante una recentralización política de dudosa constitucionalidad»

El catedrático leonés Valentín Cabero, profesor en la Universidad de Salamanca, es una de las voces más combativas en la defensa de las entidades locales menores mileranias en León y norte de la Península.

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—¿Qué supone la reforma de la administración local para las entidades locales menores?

 

—Se apoya en principios tecnocráticos y neoliberales que poco tienen  que ver con el modelo histórico y administrativo de nuestra provincia.  Aunque las Cortes de Castilla y León se han manifestado por unanimidad a favor del mantenimiento de las entidades locales menores ni la Ley,  ni la FEMP  han sido sensibles a la contemplación y valoración de las escalas menores. Las economías de escala por encima de los 20.000 habitantes se convierten en el modelo demográfico, económico y administrativo ideal de referencia, lejísimos de nuestra red de pueblos y aldeas, e incluso lejos de nuestros núcleos intermedios urbanos y de las cabeceras comarcales históricas. Como, según el anteproyecto de Ley, las entidades locales menores están ejerciendo «competencias impropias»,  y además no cumplen con la diligencia debida con la presentación legal de sus cuentas,  están condenadas a desaparecer y a perder su personalidad jurídica, sus derechos y sus bienes.

 

—Ahorrar es el mantra. ¿Cómo afecta a la democracia?

 

—El mantra del ahorro y de  la «austeridad» aparece por doquier y el preámbulo de la Ley es un rosario de tópicos y de retórica política. La racionalidad y sostenibilidad son las claves demagógicas, y el ahorro la justificación de los desmanes políticos y democráticos que se derivan de la Ley,  al dejar a los municipios pequeños sin verdadera representación y obligándoles a la cesión de soberanía democrática, siempre hacia arriba, lo que ha sido calificado como de recentralización administrativa y política. El propio Consejo de Estado pone en duda la pulcritud constitucional de tales propuestas. Y por supuesto pone en duda el mantra del ahorro al carecer de justificación real  a partir de la supresión de las «competencias impropias»

 

—El Consejo de Estado da un varapalo a la reforma pero no es vinculante. ¿Qué aspectos son más relevantes?

 

—Alude a la confusión de los aspectos técnicos con principios que atentan a los derechos constitucionales de la autonomía local.

Critica el concepto tecnocrático de «competencias impropias» al cercenar la vida municipal.

Pide que se elimine, por su falta de rigor y por su injustificada imposición. el polémico concepto de «coste estándar» que supondría sobreelevar los costes de los servicios en manos de las diputaciones o  de los consorcios privatizados.

Pone en entredicho la cesión del poder municipal y de las competencias a las diputaciones porque «son entidades representativas de segundo grado no sujetas a mecanismos de elección directa». A los roces con las competencias de las comunidades autónomas y a la débil clarificación  de los criterios para la fusión de municipios.

Se pronuncia a favor de garantizar la seguridad  jurídica de las entidades locales menores y es de destacar la valoración positiva de las competencias de salud, educación y servicios sociales como claves en la cohesión social y territorial.

 

—Herrera ha pactado con las restantes fuerzas políticas la ordenación territorial. ¿Qué les propone? ¿Hay que defender la división territorial comarcal?

 

—Las comarcas existen aunque la Junta de Castilla y León lo niegue, y  aunque el proyecto de Ley  no tenga la sensibilidad para mencionarlas y para plantear una ordenación coherente con las necesidades territoriales y sociales. Un desiderátum tecnocrático y neoliberal que desde Valladolid se intenta imponer bajo pautas de economía de escala, de nuevo los 20.000 habitantes, y bajo la resurrección del poder neocaciquil de las diputaciones. La propuesta comarcal  que se hizo en 1985 es, 28 años después, más coherente y viable que el modelo  que se nos propone, protagonizado por la concentración y polarización urbana. El PSOE se equivoca, creo, si apoya este modelo.

 

—¿La despoblación rural está afectando a la gestión del patrimonio de los pueblos?

 

—Por supuesto, la infrautilización de los recursos naturales de los pueblos es la manifestación más común de la despoblación.

O, a veces, la intromisión de intereses foráneos poco respetuosos con el medio ambiente y el patrimonio rural penetran engañosamente en juntas vecinales débiles y desestructuradas. Podrían citarse ejemplos de abusos  en la gestión de  los bienes, pero en el conjunto de Castilla y León y en nuestra provincia, a pesar de la despoblación y desarticulación de usos,  la mayoría están comprometidas con la conservación y buena gestión de sus bienes comunales y públicos. Son garantía de la soberanía alimentaria de nuestra tierra.

 

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