Diario de León

Mujeres que dicen ¡basta! al maltrato

Diez mujeres han sido asesinadas en León desde el 2001 en crímenes de violencia machista. Sólo una denunció. Son muchas, incontables, las que salen del bucle. Mónica, Pepa y Ahlan cuentan su historia de superación tras pasar por el infierno de los malos tratos. La clave, denunciar. La traba, los recortes..

Mónica y Pepa en la casa de acogida Simone de Beauvoir de León.

Mónica y Pepa en la casa de acogida Simone de Beauvoir de León.

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ana gaitero | león
León

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Mónica, Pepa y Ahlan son tres mujeres bien distintas. Sólo tienen una cosa en común: la batalla por salir del maltrato. Mónica tiene poco más de 30 años, es camarera y acaba de reanudar su vida normal tras salir de la casa de acogida Simone de Beauvoir de León.

«Me pasó lo que me pasó con mi ex pareja y he estado aquí de marzo a octubre», cuenta. ¿Qué pasó, Mónica?. «Le dejé y empezó a amenazarme», dice lacónica. Le cuesta explicar que un día el ‘ex’ se presentó en su casa y... la imagen amenazadora del hombre aún le nubla la mente.

«Fui a la Comisaría acompañada de un amigo y me pusieron todas las facilidades», asegura. La jueza dictó una orden de alejamiento al día siguiente. En el juicio su ex novio fue condenado a trabajos en beneficio de la comunidad y la protección sobre Mónica se prolonga durante tres años.

«Estaba enamorada y acabé anulada», apunta la joven. «No me explico cómo pudo pasarme. Yo que no dejo pasar ni una me en esa tesitura para la que no encuentro explicación en otras personas», reflexiona. Entiende que haya mujeres que aguantan dos, tres y hasta diez años «por cultura, por dependencia económica...».

La dependencia emocional es algo difícil de explicar y de encajar. Destriparla forma parte de las terapias psicológicas que se ofrecen a las mujeres víctimas de malos tratos. Mónica ha pasado por ella. Es una de las 62 mujeres que este año ha sido atendida en uno de los pocos servicios de la Junta para víctimas de violencia machista que no ha sufrido recortes.

«Tardé en asumirlo. No quería aparecer por mi casa ni por el trabajo. Dejé de trabajar», sigue relatando Mónica. Al principio era como un sueño. «No me está pasando», se decía. Poco a poco fue tomando tierra y asumiendo lo ocurrido. La terapia con la psicóloga «me ayudó muchísimo», apostilla.

A partir de ese momento, empezó a tomar conciencia de que en los cuatro años que vivió con el chico hubo un momento crucial en el que había dejado traspasar las líneas rojas. «Cuando empiezas a consentir cosas, a dejar que se traspasen unos límites... empiezas a ceder a lo que él quiere y acabas anulada. Yo no podía ni quedar con mis amigas, venía todos los días borracho y estaba acostumbrado a que se lo hicieran todo. Tenía un dominio de la relación que clamaba el cielo, todo el día con broncas. Me harté y lo dejé», añade ya con soltura.

Pero él no aceptó la ruptura. Y empezó el calvario de Mónica. Por eso tiene muy claro que si una mujer se encuentra en una situación parecida a la suya «lo primero que tiene que hacer es denunciar. Yo le hubiera dejado antes, pero tenía miedo y al final pasó lo que pasó...».

Cuando se dio cuenta de lo que tenía encima, una depresión larvada en ese tiempo de silencio, no daba crédito. «La psicóloga me ayudó a comprender que no es culpa nuestra que ellos sean unos bodoques», añade. ¿Bodoques? «Que quieran controlar la relación, que le hagas las cosas y le consientas todo», aclara. ¿Machismo? ¿Violencia machista?. «Exactamente», admite.

«No me pegaron y lo pasé fatal. No me imagino cómo puede estar una mujer a la que golpean, como una chica que conozco de 19 años, que ha recibido varias palizas y vuelve con el novio», apunta Mónica. Diez años de media tardan muchas mujeres en confesar los malos tratos. El ciclo de la violencia comprende los episodios de maltrato-perdón-reconciliación-maltrato.

Las denuncias han descendido un 46% entre el año 2007 y el 2012. En el primer semestre del 2013 se mantiene una proporción similar al año anterior. Sin embargo, el número de órdenes de protección se mantiene en torno a las 350 y lo mismo sucede con las ayudas de renta activa de inserción que ofrece el Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) a víctimas de violencia.

El caso de Mónica es singular en el contexto de una casa de acogida. «Es una mujer joven y con recursos. Entró en el bucle de la violencia y la hemos ayudado, pero lo ha hecho todo ell», asegura María Jesús Blanco, directora de la casa de acogida Simone de Beauvoir, fundada en 1987 como casa refugio para víctimas de maltrato.

Sin ayudas

El centro forma parte de la red asistencial de la Junta, al igual que otras tres casas en León y Fabero, que tiene la más antigua, Nuestra Señora de Fátima, y el centro de emergencia de Cruz Roja en Ponferrada. «La Junta ha recortado un 38% su aportación a la casa de acogida, también ha habido recortes de la administración local y, en cambio, la ayuda del IRPF para el año próximo aumenta», agrega.

«En 2012 desaparecieron las ayudas a la autonomía para mujeres que salen de las casas de acogida, la Red Mujer y el plan Dike», subrayan. «La Junta presume de tener una red pero subsistimos gracias al Ministerio», alega María García, presidenta de la Fundación Isadora Duncan.

Pepa ha logrado acceder a una Renta Garantizada de Ciudadanía después de mucho peregrinaje burocrático. Tiene 50 años y su gran ilusión es regresar al pueblo, alquilar una casita y estar cerca de sus hijos, hijas y el nieto. «Mi vida ha cambiado mucho», asegura.

Pepa sale

«Ha empezado a cuidarse, a ir por primera vez a revisiones ginecológicas y a tener amigas», apuntan. Ella es parca en palabras. Apenas tiene estudios. Se casó con un hombre que se cruzó en su vida cuando estaba embarazada de otro y durmió muchas noches en la escalera.

«Me separé. Pero mi hija quedó embarazada y no teníamos a donde ir, así que vivíamos juntos. Pero cada poco me echaba», cuenta Pepa. El hombre murió este año de un infarto cuando ella, después de varios intentos fallidos, aceptó entrar en la casa de acogida. «No quería venir porque no quería dejar a mis hijos con él», alega.

«Pepa representa un tipo de violencia emergente, con falta de expectativas por falta de recursos», señala la directora de la casa de acogida. Los recortes hacen mella en las víctimas de violencia machista. Los recortes en políticas de igualdad desde el 2008 llevan acumulado un 56%, denuncia el Foro de Política Feminista.

Matrimonio forzado

Ahlan hizo un viaje tortuoso desde Marruecos a León aunque no cruzó el Estrecho en patera. Víctima de un matrimonio forzoso llegó a España reagrupada por su marido. Ella tiene 23 años y él 28. La boda fue discreta, una pequeña fiesta, y sin la dote que los novios acostumbran a dar a las novias. «Me dijo que no tenía dinero», explica la joven.

El matrimonio fue acordado por los hermanos de su madre (es huérfana de padre) y la familia del chico, que ya vivía en España. «Yo trabajaba en un estudio de fotografía y tenía una vida muy tranquila», explica.

Se casó y lo dejó todo para venir a España, la tierra prometida, hace once meses. Al poco tiempo se dio cuenta de que su hogar era su cárcel. «Cocinar, limpiar, aguantar a su familia, comer y dormir y los palos era toda mi vida. Como un animal», añade en su español todavía imperfecto pero muy mejorado desde que hace cuatro meses entró en la casa de acogida de Isadora Duncan.

Ahlan vive el momento

Ahlan llegó desde otra provincia de la Comunidad, derivada por el centro de emergencias de Ponferrada. Su marido fue absuelto en el juicio rápido, pero la red de asistencia a víctimas de malos tratos consideró el riesgo y la admitió en su centro. «No presentó parte de lesiones, lo que para la jueza fue determinante», señala la directora de la casa de acogida, Alicia González.

La joven tiene una quemadura en la rodilla. Asegura que es de «aceite hirviendo» que le tiró su marido. Pero no le sirve de prueba. Esta situación le impide acceder a la renta activa de inserción, pero aprovecha el tiempo y, además de clases de español en la Fundación Isadora Duncan, asiste de lunes a viernes a un curso de camarera en la Escuela de Hostelería del Centro de Formación Profesional Ciudad de León.

No tiene planes. Vive el momento. «Tengo miedo del futuro. Nadie sabe dónde estoy, sólo mi madre que ahora dice que es culpa suya por haber permitido el matrimonio». Sin embargo, en la casa de acogida está «tranquila, puedo comer».

Pronto entrará en terapia psicológica con una voluntaria de la asociación. «Hasta ahora no ha podido por la barrera del idioma», aclara la directora. «Cuando entré en la casa no sabía decir ni ‘hola’». Las palabras de sus cuñados resuenan aún en su cabeza: «Tienes que pegarla, no te respeta», le decían a su marido.

Teléfonos de atención a víctimas de violencia de género: 012-016

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