Diario de León

El Gobierno esconde sus cartas ante el incómodo desafío soberanista

En La Moncloa recuerdan que tienen muchos resortes legales, pero ninguna concesión.

Mariano Rajoy en la clausura de la Convención del PP de la Región de Murcia.

Mariano Rajoy en la clausura de la Convención del PP de la Región de Murcia.

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r. gorriarán | (colpisa) madrid

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La respuesta al desafío soberanista de Cataluña es de los pocos asuntos que los ministros reconocen que suscitan el debate en el Gobierno. No existe una postura uniforme en el Ejecutivo. Mariano Rajoy no muestra sus cartas políticas, solo esgrime sus bazas jurídicas ante los pasos que pueda dar Artur Mas. En La Moncloa recuerdan que tienen muchos resortes legales, desde los requerimientos a la Generalitat, los recursos ante el Tribunal Constitucional y hasta la aplicación del artículo 155 de la Constitución, pero no tienen concesiones que hacer.

Un ministro del círculo cercano al presidente del Gobierno reconocía en una conversación informal que el de Cataluña es el problema más grave que tiene España y, probablemente, el de más difícil resolución desde la restauración de la democracia. El elemento que lo hace más complejo es que en Cataluña, a diferencia de lo que ocurrió en el País Vasco dividido por la mitad ante el plan Ibarretxe, hay ahora una sólida mayoría soberanista. «Hasta en mi familia catalana, gente conservadora y de orden, dicen que estarían mejor sin España. Hasta ese punto ha calado el mensaje», comentaba otro miembro del Ejecutivo.

Rajoy recibe mensajes para que busque una salida política airosa a Mas a cambio de renunciar a la consulta, pero también le llegan otros en sentido contrario, convencidos de que la marcha atrás ya es imposible. El presidente del Gobierno ha pasado del discurso contemporizador y dialogante a utilizar la artillería verbal una vez que el presidente de la Generalitat anunció el acuerdo sobre la pregunta y la fecha del referéndum. Hasta ese momento, había instado a Mas a dialogar y a que aplicase el sentido común. Pero desde el jueves pasó de los paños calientes a la crudeza. No hay nada que hablar ni que negociar, dijo nada más conocer el nuevo paso. Una respuesta que repitió después la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría e hicieron suya todos los miembros del gabinete.

Rajoy señaló ayer desde Murcia, donde clausuró una convención regional del PP, que no iba a «trabajar para acentuar las diferencias sino para acentuar lo que nos une». Es decir, que nadie espere represalias contra Cataluña.

El Gobierno va a esperar, según reconocen fuentes gubernamentales, a conocer los pasos de Mas y a actuar en consecuencia.

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