Notas a vuelamicro
Opinión | luis del olmo
L a preparación es envidiable. En la historia de España no ha existido nunca un príncipe mejor preparado que don Felipe para acceder a la corona. Ha tenido tiempo para hacerlo y lo ha aprovechado. Sus conocimientos en política, economía, humanidades, jurisprudencia, ciencias sociales, ciencia militar, diplomacia y relaciones internacionales son excelentes. Domina varios idiomas, ha viajado por todo el mundo, y se ha relacionado con los protagonistas más importantes de Ía política, la cultura, el arte y la vida social.
A ello ha contribuido notablemente el prestigio internacional y el poder de convocatoria de los premios Príncipe de Asturias. El nuevo rey comienza con una preparación envidiable y con un conocimiento muy preciso del mundo en que le ha tocado vivir. Lleva muchos años esperando este momento. Y está preparado para asumir con pleno conocimiento esta responsabilidad.
El momento es adecuado. La crisis económica ha sacudido a nuestro país, ha sido como un terremoto que ha dañado seriamente su estructura. No se arregla el problema poniendo parches aquí y allá. Su padre, don Juan Carlos, fue el motor del cambio y fue determinante para pasar sin traumas de una dictadura a una democracia. Ahora necesitamos otro cambio estructural, y para ello, nada mejor que contar con un nuevo motor. Hay muchas fisuras en ese entramado sociopolítico que debería unir a los diversos pueblos que integran nuestra tierra. Para evitar una ruptura traumática, hace falta que allá arriba, otro rey, Felipe VI, sobradamente preparado, y con energía, entusiasmo y savia nueva, se anime a pilotar una nueva España en donde quepamos todos, un país integrador y no separador, una nación entusiasta y no alicaída, una patria protagonista de sus propios destinos, con fe en la democracia, y con ilusión por un futuro común.
El camino es difícil. Por supuesto que lo es. Felipe VI tiene que hacerse con la gente de la calle, incluso con esa calle que agita pancartas y le dice que se vaya, antes de que haya venido. Nuestros reyes no gobiernan, pero reinan, y a Felipe VI le va a tocar reinar con mucha mano izquierda, conquistar al pueblo llano con detalles y gestos ejemplares, e impulsar a la clase política a una regeneración total, donde se limpien radicalmente los excesos de la corrupción, el despotismo de los partidos y el alejamiento de los gobernantes de los deseos, inquietudes y necesidades reales del pueblo. Juan Carlos I consiguió ser un rey sin cortesanos.
A Felipe VI le toca ser un rey enraizado en el ciudadano de a pie. La democracia define claramente que la soberanía está en el pueblo. Felipe VI ha de ser el soberano más cercano a esa soberanía y de esta forma podrá sentirse rey de todos los españoles, de los que se han ido y de los que se quedan, de los que se quieren separar y de los que quieren separarlos. Necesitamos ese rey, y sabemos que Felipe VI lo sabe. Tengo la fe en que será un rey que integre y no disuelva, un rey que recomponga y no fragmente, un rey cómplice, próximo y cordial, que se sienta implicado en los problemas de la gente, para que la gente pueda sentirse implicada en su corona.