Diario de León

CASO NOÓS

La infanta sacrifica a Urdangarín para intentar esquivar el banquillo

Roca llega a presentar a su cliente como víctima de su marido, en el que confió mucho

El abogado de la infanta Cristina, Miquel Roca, atiende a los periodistas

El abogado de la infanta Cristina, Miquel Roca, atiende a los periodistas

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MELCHOR SÁIZ-PARDO | MADRID
León

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Cristina de Borbón no está dispuesta a inmolarse con su marido y, mucho menos, a arriesgarse a una petición de cárcel por acompañar hasta el final a Iñaki Urdangarín. Su recurso contra el auto del juez José Castro, que le mantiene como imputada por dos delitos fiscales y uno más de blanqueo, deja solo frente al banquillo a su esposo, al que, de manera velada, señala como responsable único y último de las irregularidades con Hacienda cometidas a través de Aizoon, la empresa de la que son copropietarios al 50%.

La estrategia de la hermana de Felipe VI, tal y como hiciera en su interrogatorio en febrero y como era previsible, pasa por mostrarse ignorante de todo, incluso de la procedencia del dinero que gastó durante años con la tarjeta Visa Oro a nombre de Aizoon. Pero esta vez, el recurso de 58 páginas que firman los letrados Miquel Roca y Jesús María Silva va incluso más allá, hasta el punto de presentar a Cristina de Borbón como una suerte de víctima de su propio marido, hacia quien tuvo «una actuación en exceso confiada».

El recurso insiste en que la infanta, debido a sus «múltiples ocupaciones», compromisos profesionales y sociales como miembro de la Familia Real, no podía «estar al corriente de la gestiones directamente vinculadas con la economía familiar», que dejó en exclusiva en manos de su marido, quien habría abusado de esa «confianza».

Además, aunque Cristina de Borbón hubiera tenido tiempo de supervisar lo que Urdangarín hacía en Aizoon, arguyen sus letrados, nunca hubiera detectado las irregularidades fiscales porque, a pesar de su carrera en Ciencias Políticas y su máster en la Universidad de Nueva York, «sólo cuenta con unos conocimientos muy básicos de fiscalidad, que le impiden entrar a valorar cuestiones complejas como la deducibilidad de ciertos gastos» «A la absoluta confianza se añadía una absoluta falta de la capacidad de sospechar siquiera que se podía estar incurriendo en alguna irregularidad», señala el texto, que abunda en la teoría de la traición de Urdangarín, quien tampoco tiene estudios fiscales, a su crédula esposa.

Hasta la saciedad

«No existe de lo actuado indicio alguno que permita sostener que la infanta favoreciera la realización de las defraudaciones que, presuntamente, se atribuyen a su esposo», reiteran hasta la saciedad Roca y Silva, que se esfuerzan una y otra vez en desvincular a su cliente del día a día de Aizoon, a pesar de que ello implique dejar a los pies de los caballos a Urdangarín. El cuñado del rey, tras el escrito de su mujer, se queda cada vez con menos argumentos para rebatir las acusaciones de prevaricación, malversación, fraude a la administración, tráfico de influencias, dos fraudes fiscales, estafa, falsedad en documento oficial y falsedad en documento mercantil. Una losa de cargos que podrían comportar una petición de cárcel de entre 8 y 34 años.

Según los letrados de la hermana menor del nuevo rey, fue el yerno de don Juan Carlos, como administrador único de la sociedad familiar, el exclusivo responsable del ardid de usar la empresa de la que son copropietarios para cargar los trabajos de asesoría de Urdangarín a multinacionales a fin de pagar menos impuestos.

Además, el recurso trata de exculpar a la infanta por haber usado durante siete años la tarjeta Visa de Aizoon para abonar compras personales, base de la acusación de blanqueo. Roca alega que son «limitadísimos pagos anuales» los que hizo la duquesa a cuenta de las arcas de la supuesta sociedad pantalla.

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