Diario de León

La alianza entre CiU y Esquerra se agrieta poco a poco

La Generalitat confirma que aplazará . la consulta si el Constitucional la veta.

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alfonso torices | madrid
León

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Las declaraciones cruzadas entre responsables de CiU y de Esquerra Republicana durante los últimos días indican que la alianza soberanista para celebrar el próximo 9 de noviembre un referéndum de autodeterminación en Cataluña ha comenzado a agrietarse

El acuerdo de fondo, la convocatoria por parte de la Generalitat, a finales de septiembre o principios de octubre, de una consulta para que los catalanes decidan el segundo domingo de noviembre si quieren seguir formando parte de España o crear un estado propio, no lo pone en duda ninguna de las partes, ni los socios principales, CiU y Esquerra, ni sus acompañantes, Iniciativa y la CUP. Artur Mas firmará este decreto, con seguridad, antes del 9 de octubre, en cuanto esté aprobada la ley autonómica de consultas en base a la que se producirá la convocatoria

La discrepancia está en qué deben hacer las instituciones y los partidos soberanistas catalanes cuando se produzca un hecho decisivo que se da ya casi como inevitable. Cuando el Tribunal Constitucional, una vez el Gobierno de Mariano Rajoy impugne tanto la ley de consultas como el decreto de convocatoria, decrete la suspensión cautelar de la norma y del referéndum por un período máximo de cinco meses, mientras resuelve el fondo de los recursos estatales. Una resolución que, con seguridad, comunicará personalmente a los máximos responsables de la Generalitat y del Parlament para dar pie, en caso de incumplimiento, a una investigación penal por desobediencia.

La respuesta a la pregunta no puede ser más opuesta, lo que amenaza con que, de cara al otoño, CiU y Esquerra defenderán estrategias tan enfrentadas que les pueden llevar a la ruptura de la unidad de acción.

El partido que gobierna en Cataluña tiene claro que si el Constitucional lo veta, el referéndum no se celebrará, al menos en ese momento, porque no habrá vulneración de la legalidad. Los republicanos exigen a la Generalitat y a Mas que saquen las urnas y celebren la consulta, diga lo que diga el tribunal, porque una decisión de sus magistrados no puede colarse por encima del mandato electoral y parlamentario de la mayoría de los catalanes, que reclaman celebrar la consulta.

Cartas boca arriba, Mas, durante meses, ha tratado de esquivar una respuesta concreta, consciente de que desataría los descuerdos entre socios, y se ha limitado a afirmar que no tiene otro plan que no sea la celebración de la consulta el 9 de noviembre, aunque con el matiz de que siempre se mantendrá en el respeto a la ley.

La idea era no poner la venda antes de la herida y mantener intacto el pulso frente al Estado al menos hasta que llegase el momento de decidir entre legalidad o desobediencia a las resoluciones judiciales.

Sin embargo, dos de sus principales consejeros, la vicepresidenta, Joana Ortega, y el titular de Territorio, Santi Vila, han desvelado esta semana sus intenciones reales, las que no quería anticipar. Acatar a regañadientes, si llega el caso, la suspensión del Constitucional y aplazar la consulta a otra fecha -en el improbable caso de que, al final, el tribunal les diese la razón- o pensar en adelantar las elecciones autonómicas y convertirlas en comicios plebiscitarios, para que los catalanes puedan pronunciarse.

La reacción de los líderes de Esquerra a la claridad de las palabras pronunciadas hoy por Ortega evidencia la tensión entre los todavía aliados.

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