Diario de León

El independentismo redobla la presión sobre Mas para que desobedezca al TC

El president reclama que no se desoiga «el potentísimo» mensaje del pueblo catalán.

Participantes en la manifestación de la Diada a favor de la independencia.

Participantes en la manifestación de la Diada a favor de la independencia.

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cristian reino | barcelona
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Cientos de miles de catalanes -1,8 millones, según la Guardia Urbana, y como máximo 520.000, según la Delegación del Gobierno- abarrotaron este jueves las calles de Barcelona para formar una ‘V’ humana con los colores de la senyera, en una Diada reivindicativa y de récord, en la que el soberanismo hizo una demostración de fuerza callejera por tercer año consecutivo y lanzó el mensaje inequívoco de que quiere votar, que tiene voluntad de hacerlo diga lo que diga el Constitucional y que se ve con fuerzas para obtener la victoria.

A casi dos meses para la consulta del 9 de noviembre, la Cataluña independentista pidió al Gobierno central una solución democrática para votar sobre su futuro político y redobló además la presión sobre Artur Mas, al que reclamó con contundencia que «no se arrugue» en el momento de la verdad, cuando tenga que decidir qué hace con la consulta que con toda probabilidad será suspendida por el Constitucional. «Ha llegado la hora de las decisiones excepcionales», afirmó al final de la ‘V’ Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, entidad organizadora de la movilización y gran motor del proceso soberanista. «President, ponga las urnas», afirmó Forcadell, que al término de la manifestación fue recibida por el propio gobernante en el Palau de la Generalitat.

Mas, tras felicitar a las líderes de la ANC y Ómnium Cultural por la movilización lograda en la gran ‘V’, instó a Mariano Rajoy a escuchar el mensaje «potentísimo» que le ha enviado el pueblo catalán y a sentarse a negociar los términos de la consulta. El presidente catalán, que se mostró «orgulloso» por el resultado de la convocatoria, hizo suyo el clamor de la manifestación: «El pueblo de Cataluña quiere votar, quiere ser respetado. No se puede silenciar ni impedir votar a un pueblo que quiere votar».

En clave interna, Mas se sintió reconfortado en sus esfuerzos por mantener la unidad del frente soberanista por encima de los intereses partidistas, ya que ese fue el mensaje que surgió del acto central de la Diada.

Año tras año, la ANC consigue superar sus registros de movilización -el año pasado participaron dentro de la habitual guerra de cifras entre 1,6 millones y 400.000 personas en la Vía catalana-. El «globo no se deshincha» como vaticinó el PP y el soberanismo, en ascenso a la luz de la participación de ayer, lanzó al Gobierno de Rajoy el aviso de que podrá abortar el referendo, Constitucional mediante, pero el problema político seguirá ahí porque es de envergadura y el desafío del soberanismo va para largo.

La fuerza del independentismo es un hecho y ni el caso Pujol, que se pensaba que podía actuar como elemento desmovilizador y desmoralizador, sobre todo entre los que se han sumado al soberanismo a última hora, ni tampoco el agotamiento que empieza a invadir a una parte de la ciudadanía que no acaba de ver resultados, pudieron con el empuje del sector de la sociedad que quiere ver a Cataluña fuera de España.

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