SORTEO EXTRAORDINARIO DE NAVIDAD. El resto de España

Hospitalet completa el podio de ganadores con un tercer premio que deja 80 millones

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colpisa | madrid

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Los últimos serán los primeros... o en este caso el tercero. Hospitalet de Llobregat fue una de las ciudades más afortunadas del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, ya que ha recibido una lluvia de millones gracias al tercer premio. Un premio que tuvo el honor de haber sido el último en salir en el sorteo de 2014. De hecho, apareció en la décima tabla -la última- y eran las 13.07 de la mañana cuando los niños del colegio de San Ildefonso cantaban el 07637, dotado con 500.000 euros a la serie, por lo que el poseedor de cada décimo tiene asegurados 50.000 euros. El premio fue íntegro a Hospitalet de Llobregat, a la Administración 37 de Lotería situada en el Centro Comercial Gran Vía II, en la Gran Vía 75-97 de la localidad barcelonesa. En ella han vendido las 160 series de este número, por lo que han repartido un total de 80 millones en el premio «entre todos los clientes que acuden a diario a los comercios del Centro Comercial», señalaba la responsable de la Administración, Clara del Arco.

Del Arco se mostraba «muy feliz» por haber repartido de forma íntegra el tercer premio. «Estoy contentísima porque es un centro comercial y el premio está muy, muy repartido», señalaba entre lágrimas. «Es el primer premio de lotería que damos en los 10 años que llevamos como Administración», aunque habían entregado algunas Primitivas, desvelaba una emocionada Clara que añadía que «es un décimo que llevamos todas las semanas para los sorteos ordinarios y mira, por fin hemos podido dar un premio como se merece toda esta gente».

La diosa Fortuna decidió este lunes levantarse juguetona. Decidió que una de la citas más importantes del año perdiese la gracia de otros años. La expectación era la misma. Millones de personas suspirando porque después del mediodía, pudieran salir a la calle con un pellizquito de alegría en el bolsillo; webs, radios y televisiones volcadas en esos chavales cantarines que desde las nueve de la mañana repitieron el tradicional soniquete. Y lo hicieron una y otra vez. Una y otra vez. Porque los premios, los grandes premios, no querían salir del bombo. La diosa quería jugar un poquito con los sueños de los españoles.

El mediodía se acercaba y faltaba la mitad de los premios. Otro quinto, para fiasco del auditorio que abarrotaba el Teatro Real, que querían ya el Gordo.

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