Díaz gana pero no logra el objetivo
En las elecciones autonómicas andaluzas el PSOE se queda como estaba y el PP se desploma . Irrumpen con menos fuerza de la esperada Podemos y Ciudadanos, e IU se tambalea .
Susana Díaz celebra junto a compañeros de su partido los resultados electorales.
Han sido unas elecciones atípicas. Nadie alcanzó sus objetivos. El PSOE se queda como estaba y aspiraba a bastante más. El PP no ha logrado capear la tormenta y se ha dado un doloroso costalazo. Podemos entró en escena, pero sin la potencia esperada. Ciudadanos tampoco cubrió las expectativas creadas y será un comparsa, de lujo, pero comparsa. Izquierda Unida queda relegada a un papel testimonial.
Un sabor agridulce paladeó Susana Díaz al cerrar el escrutinio. Ganó las elecciones, sí, pero el PSOE regresó a la casilla de salida del 25 de enero, cuando la presidenta de la Junta de Andalucía anunció el adelanto electoral para, según dijo, gobernar con más estabilidad y menos ataduras. Tenía y tiene 47 escaños, pero 150.000 votos menos que hace tres años. Los socialistas vuelven a ser la primera fuerza política, rango que les arrebató el PP en los comicios de 2012, pero están lejos de la mayoría absoluta. Susana Díaz tendrá que gobernar sola en minoría o volver a pactar, y no con «los andaluces» como decía en campaña, sino con Ciudadanos y sus nueve diputados porque el acuerdo con IU, su anterior socio, no suma para gobernar ni legislar.
El PSOE tiene motivos para la satisfacción y el desconsuelo. Es el ganador, pero no ha perdido votos respecto a 2012, cuando el partido atravesaba sus horas más bajas tras la debacle de las elecciones generales. Cierto es que había nuevos protagonistas en la mesa y la tarta era la misma de modo que las porciones para cada uno tenían que ser menores.
Bipartidismo
Pero el final del bipartidismo tantas veces augurado no parece tal, al menos en Andalucía. Entre PSOE y PP suman 80 de los 109 diputados del Parlamento de Andalucía y más del 62% de los votos. La preponderancia de los dos grandes todavía goza de buena salud en esta tierra, y ha sufrido algo más que un resfriado aunque el Parlamento de Andalucía será el más plural de su historia con cinco fuerzas políticas.
Susana Díaz ha hecho una campaña en primera persona, omnipresente y sin sombras de nadie, con las siglas PSOE arrumbadas, un discurso arrebatado -lo que ha gritado esta mujer en la campaña- con un mensaje de aroma nacionalista y midiendo fuerzas con Mariano Rajoy, no con el candidato popular, Juan Manuel Moreno. Pero resultó insuficiente para devolver a los socialistas a las cómodas mayorías de antaño. La imagen Susana no ha superado a la marca PSOE, y eso tendrá lecturas nacionales a partir de hoy.
Como las tendrá el resultado del PP. Con una pérdida de 14 puntos en votos y 17 escaños, la gestión de la crisis de Rajoy ha merecido un bofetón de los andaluces. Ello sumado a un candidato casi recién llegado, poco conocido y sin tirón hacía que el resultado fuera previsible. Solo faltaba aquilatar la dureza del castigo.
De nada ha servido el desembarco normando de ministros, con el presidente Mariano Rajoy el primero, para arropar a Moreno. Con este resultado en Andalucía, el PP tendrá complicado reeditar la victoria en las generales, aunque el propio presidente del Gobierno se curó en salud y avisó de que extrapolar los resultados de estos comicios a unas legislativas era un ejercicio inútil. Rajoy calló que es extrapolable, que cuando él ganó con mayoría absoluta el PP obtuvo en Andalucía el 45%, nada menos que 19 puntos más que en esta ocasión.
Bien, pero no tanto
Para Podemos todo es ganancia porque partía de cero, pero los discursos triunfalistas de sus líderes de la noche de ayer tienen otra lectura más modesta. Con el 15% de los votos no se puede pretender quebrar el bipartidismo, que es objetivo proclamado a los cuatro vientos por Pablo Iglesias. Se puede aspirar a ser el tercero en discordia y un escalón por debajo. No se puede esconder que las características del nuevo partido en Andalucía, en la izquierda radical y lejos de la transversalidad del discurso de sus líderes nacionales, no son las mejores para «asaltar los cielos». Hecha esta salvedad, ha logrado un buen resultado pero por debajo de los cálculos de la veintena de escaños que manejaban ellos mismos durante la campaña electoral y conformaban las encuestas.
El segundo novato de las elecciones, Ciudadanos, tampoco ha visto coronados sus sueños de dar el ‘sorpasso’ a Podemos. El partido de Albert Rivera, con candidatos desconocidos, ha hecho un buen papel, pero lejos de la docena de escaños que acariciaban. Tendrá, de todos modos, la llave de la legislatura con sus nueve diputados, y a buen seguro que venderá caro su respaldo. A la vista del reventón sufrido por IU, el anterior socio del PSOE, es muy improbable que piense en un acuerdo de coalición para gobernar, y preferirá quedarse en la barrera del apoyo legislativo a según qué proyectos.
El dilema de IU
Los dirigentes de IU se lamían las heridas tras el atropello de Podemos. La coalición se ha quedado con la mitad de los votos que hace tres años y con cinco de los 12 diputados de la pasada legislatura. IU se quedó sin sitio político, ideológico y electoral entre el PSOE y Podemos. Ahora tendrá que enfrentarse a la disyuntiva de elegir entre continuar su camino con autonomía o emprender la senda de la confluencia con la formación que lidera Pablo Iglesias, un dilema que divide las aguas de IU en otras federaciones con conflictos que están lejos de ser pacíficos.