Políticos en la era de la imagen

Los candidatos se comunican con el público no sólo con los programas. EntradillaLaut pellaut eaquisc idelect emquisqui as atus dis peliquam, to corerumqui uta sit audanti aspici ommo dolo et dolorest qui odi coreic tet, ut vellest, siminusa velitis non parum aut alicaborat eri consediore occuptias dolupti debit volest aboria dolupid qui blabo. Ut re poreperum acea quis nimilig nimusam volenda aut et harum nobis et aperunda ditatio

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A. Gil | León
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Toda estética exhibe una ética. O al revés. Esta frase pone de manifiesto la importancia de la comunicación no verbal, aquella que se hace sin palabras. Comunicamos cuando nos movemos, cuando gesticulamos, hasta cuando no hablamos. Y comunicamos también a través de la forma en la que nos vestimos. Eso lo saben bien los políticos, muchos de los cuales cuidan minuciosamente su indumentaria como una estrategia de comunicación a través de la cual transmiten mensajes al gran público.

Un traje de chaqueta y una corbata, con unos zapatos bien elegidos, busca dar una imagen formal, seria, de saber lo que se está haciendo. En cambio, un look de camiseta, vaqueros y zapatillas comunica cercanía y más familiaridad.

Además, en la forma de vestir se refleja parte de la personalidad de cada uno; se puede apreciar si hay provocación, seriedad, buen gusto o estridencia. por ejemplo.

Y resulta que hay un coste electoral si se eligen unas prendas y no otras. Es el caso de la polémica suscitada en su día por el reloj Rolex de Cándido Méndez. O quién no recuerda a Esperanza Aguirre contando a los medios de comunicación su experiencia en un atentado en la India ataviada con unos zapatos de salón y unos calcetines blancos. Ponía de manifiesto el mal trago que le supuso aquel trance, pues no se correspondía en absoluto con su forma de vestir. Felipe González eligió las coderas en sus chaquetas como una forma de manifestar cercanía hacia los ciudadanos. Era entonces cuando la hasta entonces elegante forma de vestir de los políticos dejaba paso a otro estilo más informal, el de los socialistas, con sus chaquetas de pana y sus jerséis de cuello vuelto.

Muchos años han pasado desde entonces pero los políticos lo siguen teniendo claro hay mensajes que no llegan a través de las palabras y el atuendo puede ser una buena forma de comunicar casi sin parecerlo.

Existe un lenguaje, una psicología en la forma de vestir. La periodista Patrycia Centeno lo analiza en su libro Política y moda; la imagen del poder donde asegura que en la actualidad existe cierta «falta de mensaje» entre los políticos, pues han descuidado su imagen y eso ha provocado que se confundan unos con otros, cuando lo que busca la política es justamente lo contrario: diferenciarse.

Varios factores

El voto del ciudadano se capta a través de los programas políticos de los partidos, pero no solo eso. También cuenta el aspecto físico del candidato y esa es la comunicación no verbal con la que juegan los políticos y que afecta en buena medida a su credibilidad. Mucha gente vota a la persona y no al partido.

Hoy la imagen tiene una enorme importancia y, guiado por esta realidad, el PSOE ya creó en el 2007 un libro de estilo electoral en el que sugería a los miembros de su partido que tipo de indumentaria elegir con fotos de ejemplos que aportaban «cercanía, frescura y naturalidad». Y eso lo hacen la inmensa mayoría de los partidos políticos. Todos se rodean de asesores de imagen que estudian al milímetro lo que deben llevar, cómo y cuándo.

Entre los políticos de la provincia y de la comunidad, la imagen es igual de importante, aunque se dirijan a un público más reducido. Si bien muchos no tienen presupuesto para un asesor, han de seguir en muchos casos las directrices que marca el partido desde su sede central. Y esas directrices están muy claras, pues es mucho lo que se juegan.

Los candidatos ‘populares’ persiguen mostrar una imagen más bien seria, dominada por los trajes de chaqueta y las corbatas, aunque estas últimas en muchos casos las olvidan premeditadamente en un gesto cada vez más común de cercanía hacia el ciudadano. El objetivo es derribar las fronteras que los separan de la gran masa.

Los partidos más jóvenes, como Ciudadanos encajan a la perfección con la imagen juvenil que ofrece su candidata, Gemma Villarroel. Con poco más de 30 años y un estilo bastante alejado de la formalidad, son muchos los jóvenes que por imagen se sienten identificados.

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Cada vez más, la política intenta renovarse a través de nuevas caras, en su mayoría jóvenes, que tratan de frenar el creciente desencanto social y conectar de nuevo con los más jóvenes, uno de los sectores que más reniegan de ellos y más afectado por el desempleo.