Diario de León

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Silván defiende que «los muebles» del PP «están a flote y salvados»

El candidato invita al resto de fuerzas a «subirse al proyecto» .

Antonio Silván y Eduardo Fernández salen de uno de los despachos de la sede del PP tras conocer los resultados electorales.

Antonio Silván y Eduardo Fernández salen de uno de los despachos de la sede del PP tras conocer los resultados electorales.

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ÁLVARO CABALLERO | LEÓN
León

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Con 9.618 votos menos en el Ayuntamiento de León que hace cuatro años, traducidos en la pérdida de 5 concejales, y con tres procuradores autonómicos dejados por el camino, el PP leonés se agarró ayer a las cifras que le mantienen como «el partido más votado» para defender que «los muebles están ahí, a flote y salvados». «Es una realidad. Los leoneses han hablado a través de las urnas y podemos decir que el PP ha ganado estas elecciones en León, en la provincia y también en la Comunidad autónoma. Ahí están los votos», recalcó el cabeza de lista al consistorio y a las Cortes, Antonio Silván, alrededor de las 00.38 horas de la madrugada, después de cuatro horas encerrado en el despacho de la sede del partido junto a su equipo de confianza, mientras los militantes paseaban por los pasillos con cara de circunstancias. Sólo entonces, cuando según sus cálculos ya tenían asegurada la mayoría absoluta en la Diputación, a pesar de perder dos diputados provinciales, se presentó acompañado de quien ocupará la presidencia de la institución, Juan Martínez Majo, para vender los resultados. «La mayoría de los leoneses quiere que Antonio Silván y el PP lidere el proyecto de León y así lo vamos a hacer», planteó.

Esta mayoría simple, que no absoluta, la volvió a invocar Silván en su discurso cuando recalcó que «es una voluntad personal y del partido que se respete la voluntad de los leoneses». Una voluntad que le da 10 concejales y, más allá de los posibles pactos que le permitan sumar 14 apoyos con otros partidos, le concede la suficiencia para gobernar en mayoría simple por ser el más votado, siempre que el PSOE no logre conformar un tripartito. Una «situación» para la que el candidato del PP avisó que lleva «en la sangre, en el ADN, el diálogo y el entendimiento. «No tengo ninguna limitación para sentarme a hablar con todas las fuerzas políticas. Más incluso con los que quieran lo mejor para León porque ahí seremos coincidentes. Quien quiera lo mejor para León tendrá la puerta abierta, se puede subir sin ningún problema a este proyecto que ya está en marcha», invitó.

No quiso hablar de pactos concretos Silván, ni siquiera cuando citó que había recibido la llamada de la candidata de Ciudadanos, Gemma Villarroel, para felicitarle «por ser el ganador de las elecciones». «Somos gente educada, gente normal», aclaró cuando se le insistió sobre si el contacto había servido para emplazarse a la negociación de un acuerdo en el que sumarían 14 apoyos. «A partir de este momento, ella tiene mi teléfono de la misma manera que yo tengo el suyo», se limitó a reseñar.

Contexto nacional

Pese a conceder que habrá tiempo para «el análisis», el líder del PP justificó la pérdida de apoyos en un «contexto nacional» que es «totalmenrte diferente al que estábamos acostumbrados». «Hay un trasvase casi aritmético entre fuerzas que han entrado en el nuevo panorama político y lo han alterado», apuntó como toda concesión a la autocrítica, tras insistir en que «el escenario es completamente diferente al de hace cuatro años, con tres fuerzas nuevas, por lo que el resultado tiene que ser diferente».

Sí que dejó claro que se quedará en el Ayuntamiento de León. «Dije que el día 25 sería concejal y los leoneses han querido que lo sea y con más apoyos que ninguno. Ese compromiso lo asumo, lo reiteró y lo único que quiero durante los próximos cuatro años es devolver a los leoneses el apoyo, el respaldo y la confianza que me han trasladado», insistió, antes de volver a recordar que tiene «un proyecto de suma» al que quiere que «se sumen todos aquellos que crean que León merece la pena». «Yo lo creo», remató antes de irse a la fiesta del Conde Luna en la que le esperaban desde dos horas antes los militantes.

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