REFUGIADOS DE AYER Y HOY | LEÓN, PROVINCIA DE ACOGIDA

«Paren la guerra, queremos volver»

Radi y Anam, matrimonio sirio que llegó a León hace un año, relatan sus dificultades tras terminar el programa de acogida.

La guerra en Siria ha disparado las solicitudes de protección internacional de personas de esta nacionalidad también en León. Un total de 24 personas tramitaron su petición en la provincia en los últimos tres años, mientras que Accem atendió a 28 desde el 2010. El programa de acogida les garantiza vivienda y manutención durante un tiempo limitado, de seis meses a un año. Después, empieza su calvario porque, como les ocurre a Radi y Anam, no pueden hacer frente a un alquiler de 500 euros, alimentos y medicinas. A ello se suma la angustia de tener a su hija sola en Líbano

Radi y Anam ya no pueden hacer frente al pago del alquiler.

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ANA GAITERO | LEÓN
León

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La primavera árabe se convirtió en un largo e interminable invierno para Radi y Anam. Su vida discurre en León desde hace catorce meses. Este matrimonio sirio que reside en Trobajo del Camino llegó a España hace poco más de un año con un visado de turistas en busca de protección internacional.

«No estamos aquí de turismo, estamos por causa de la guerra y la mejor ayuda a nosotros es que paren la guerra. Queremos volver a nuestro país». Un total de 24 personas en situaciones parecidas han tramitado en León su petición de asilo desde el 2012, eso sin contar las que llegan a Accem, como Radi y Anam, con la solicitud ya presentada en Madrid. La oenegé ha atendido a 28 personas de 8 familias desde el 2010.

Siria es el país de procedencia de la mayoría de las personas que han ingresado en su programa de acogida en estos últimos cuatro años por delante de Cuba (21), Costa de Marfil (11), Somalia (10) y Ucrania (8).

Radi y Anam llegaron como turistas pero la realidad es que huyen de las bombas y el miedo. En Líbano lograron subirse a un vuelo rumbo a Madrid. Al poco de aterrizar en Barajas solicitaron el asilo y fueron derivados por el Gobierno al programa de refugiados de Accem. Todo fue bien durante un año, les pagaron un alquiler de 500 euros al mes, alimentos y medicinas, pero ahora ya no reciben ayuda y se han convertido en inquilinos morosos. «No puedo pedir más a Accem, nos ha ayudado hasta dónde le corresponde».

Hace un mes y medio, Radi fue operado del corazón. Está delicado y teme que cualquier día se vean obligados a recoger sus cosas y quedarse en la calle, con el sufrimiento añadido de tener a su hija atrapada en Líbano, sin trabajo ni casa, y la tristeza de ver a sus compatriotas vagando por Europa maltratados: «Es un gran dolor ver que les tiran el pan como si fueran animales, sin respeto».

Radi habla español bastante bien. Estudió en España en los años 60, aunque no llegó a terminar la carrera de medicina. La situación ha refrescado su memoria. «Antes los sirios vivían bien, no necesitaban pedir asilo, había seguridad y podíamos ir a cualquier sitio, ahora el país está destrozado por el yihadismo», lamenta.

Su esposa Anam asiente y de vez en cuando interviene. La fuerza de lo que siente logra hacer fluir sus palabras: «Allí sufrían las bombas y ahora es la guerra psicológica, del miedo», dice sobre la avalancha de refugiados que llega a Europa.

A su lado se sienten casi privilegiados. «En España y en León nos han tratado muy bien, el problema es ahora», lamenta. Llevan 42 años casados y aunque no tenían grandes lujos, con la pensión de Radi, jubilado como profesor de Geografía, y lo poco que les enviaba su hijo desde Australia vivían bastante bien.

Las ayudas de Accem se han acabado y «nuestros papeles no se han movido». Después de catorce meses de espera no saben si les aceptarán el asilo o no. Por eso insisten: «Gracias por la ayuda a los refugiados, pero lo mejor es acabar la guerra, es la única solución».

Anam se lleva las manos a la cabeza cuando hablan de su hija. Al terminar los estudios en Egipto se quedó sin permiso de residencia y ahora espera en Beirut una respuesta a la invitación que le ha hecho un pariente que tiene residencia en España. «Si vuelve a Siria es como si la mandáramos a matar», asegura.

Antes del 2011 había en León doce residentes sirios y otros ocho habían solicitado la nacionalidad. Pero no eran refugiados. Es el caso del doctor Abdalla Al-Kassan, que llegó a España en 1979 para estudiar Medicina y ha desarrollado toda su carrera profesional en León. Acaba de jubilarse y sigue al frente de la unidad de formación de médicos de Atención Primaria en el Colegio Oficial de Médicos.

«Hasta hace tres años iba una vez al año a mi país. Ahora no me atrevo. Mañana (por ayer) se casa mi hijo y mi hermano, de 72 años, no puede asistir a la boda porque le han denegado el visado a pesar de que lo solicitamos en junio», lamenta.

La solución, coincide con sus compatriotras, es parar la guerra. Europa y Estados Unidos, comenta el doctor, tienen mucho que decir y hacer en este terreno. «No estoy de parte de nadie, pero una democracia europea no es viable en un país árabe. Irak, Libia, Siria... Han sido un fracaso detrás de otro», comenta. Inicialmente vio con buenos ojos la idea de democratizar su país, donde, disfrutaban de derechos que no se tienen en Europa como «enseñanza universitaria gratuita con libros y viviendas disponibles para los estudiantes en Damasco», comenta. Pero pronto vio que la lucha contra el dictado, el bloqueo a Siria, beneficiaba el auge del yihadismo. «Europa y Estados Unidos no deben permitir que el país sea ocupado por yihadistas y retroceder 50 años atrás. Tienen que mojarse a fondo para acabar con el yihadismo y ayudar a Siria», recalca.

El debate de los refugiados es lo urgente, pero lo importante «es solucionar la guerra, lo otro son sonluciones individuales y hace falta una solución global», insiste.

Vicente Guillán, desde su experiencia de muchos años en Cáritas, reflexiona sobre el problema de la atención a los refugiados que se plantea en Europa y de manera particular en España. El caso de Radi y Anam es un ejemplo de las limitaciones con las que se trabajan. ¿Qué pasa cuando las oenegés que gestionan la acogida inicial ya no pueden suministrar más ayudas? La respuesta es muy sencilla. Son los servicios sociales locales y otras oenegés como Cáritas las que tienen que dar atención a estas personas. Ante la situación que se avecina «hay que cambiar el modelo» pues la próxima llegada de 15.000 refugiados a España desborda unos recursos previstos para mil solicitantes de protección al año.

«La acogida a los solicitantes de asilo va a ser excepcional pero a los seis meses va a ser un desastre porque los recursos solo contemplan los dichosos seis meses», recalca. Como les ha pasado a Radi y Anam, en este caso al cabo de un año, tienen que llamar a las puertas de las instituciones y otras asociaciones para intentar sobrevivir en León. No saben por cuánto tiempo porque la guerra parece no tener fin.

Mientras tanto en la capital más de 40 organizaciones han constituido la plataforma de solidaridad con las personas refugiadas a propuesta del grupo municipal León Despierta.

La concejala María Hernández fue la impulsora de la propuesta. Ahora se trata de coordinar la llegada de las personas que se asignarán a León del millar que se esperan en Castilla y León, según el Ejecutivo autonómico.

La Diputación ha dado un paso adelante y ya trabaja en iniciativas de empleo en el medio rural, según explicó el responsable de Bienestar Social, Francisco Castañón.

No es la primera vez que León se enfrenta a la acogida de refugiados de manera excepcional. La guerra de los Balcanes trajo a la capital a 19 refugiados del contingente de 141 que viajaron en el primer avión fletado por el Ministerio de Defensa para evacuar a civiles, sobre todo mujeres y niños, que habían huido de Mostar y Sarajevo y estaban desplazadas en Split (Croacia). Al acabar la guerra algunas regresaron a su país o emigraron a otros como Estados Unidos, pero varias viven en León como cualquier leonés y consiguieron reagrupar a sus parientes, madres y hermanos sobre todo.

En 1981 León acogía a cinco familias vietnamitas como refugiadas por la guerra con China. Algunas de ellas fueron a parar a la cuenca minera del Bierzo Alto. Diez años después sólo permanecía en Bembibre una de las familias. Muchos años atrás, en 1949, León se sumaba a las provincias receptoras de niños austriacos que pasaron nueve meses en España para recuperarse de las secuelas físicas y psicológicas de la II Guerra Mundial. Un total de 41 niños y niñas llegaron a León de la mano de Cáritas y Acción Católica Española.

El Gobierno austriaco agradeció personalmente el gesto a todas las familias 40 años después con un viaje en Viena organizado por la asociación Reencuentro al que asistieron tres leoneses, el sacerdote Emigdio Magdaleno, padre de acogida de Peter Artofer, y sus sobrinos Alberto y Eva que le acompañaron. El primer contingente llegó a la estación de León las siete de la mañana del 6 de junio de 1949. Los niños de pelo rubio y ojos azules captaron las miradas de los leoneses que, por aquel entonces, tampoco lo estaban pasando muy bien pues el país vivía las estrecheces de una larga posguerra.

La solidaridad de los leoneses se ha mantenido a lo largo de los últimos 23 años con los niños saharauis. Cientos de chicos y chicas que residen en los campamentos de refugiados de Tindouf (Argelia) han pasado por las familias de acogida de León durante estos años. Algumos han estudiado y echado raíces en León.

Durante varios veranos también se organizaron programas de vacaciones en paz para niños y niñas de Bosnia y en los últimos tiempos de Ucrania. León es ciudad de acogida desde tiempo inmemorial. Como también hubo leoneses que fueron acogidos en otros países tras la Guerra Civil.

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Paco Robles, oriundo de Mansilla de las Mulas, fue uno de los niños evacuados del País Vasco en el vapor Habana el 20 de mayo de 1937: «Vinimos para tres meses y nos quedamos», comentaba a Diario de León este niño de la guerra. En su pueblo le llaman El Inglés y en Londrés es Spanish Onion (cebolla española).