La imputación de Artur Mas congela su reelección como líder de la Generalitat

El presidente catalán se convierte en un mártir del Gobierno entre los independentistas.

El presidente de la Generalitat en funciones, Mas, durante la reunión del gobierno catalán.

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Ramón Gorriarán | Madrid
León

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El reloj político se detuvo en Cataluña al conocerse la citación ante el juez de Artur Mas por la consulta del 9-N. El independentismo en todas sus variantes cerró filas en torno al presidente de la Generalitat y se tomó la decisión judicial como «un nuevo ataque de Madrid» a Cataluña. Es improbable que el instructor lo buscase, pero su decisión ha hecho de Mas un mártir a los ojos del soberanismo, y ha mejorado su posición para lograr la investidura. «¿A ver quién le niega ahora el apoyo?», preguntaban los dirigentes de Convergència a la CUP después de comprobar en las últimas horas que la reelección de su líder estaba más que en el alero.

La providencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña era esperada desde que admitió la querella de la Fiscalía contra Mas y dos de sus consejeros. Pero lo que nadie preveía era que la citación se materializase 48 horas después de las elecciones. «Lástima —comentaba sarcástico un convergente— porque la imputación dos días antes de la votación nos hubiera dado miles de votos». Una apreciación muy compartida en el mundo soberanista, para el que «el Estado» ha colocado a su presidente en el altar de los inmolados por la causa de la independencia de Cataluña.Un sacrificio que a juicio de Junts pel Sí tiene que obligar a la CUP a revisar su posición contraria a la reelección del presidente de la Generalitat.

Pero al margen del debate sobre la oportunidad de la citación judicial, el paso del juez ha tenido el efecto colateral de congelar las negociaciones para la investidura. Los contactos comenzaron el mismo lunes entre los representantes de Junts pel Sí y la CUP. «Tanteos nada más porque esto va para largo», aclararon desde Esquerra. Las conversaciones, sin embargo, sirvieron para constatar la cerrada negativa del partido asambleario y anticapitalista a facilitar la investidura.

Lamentos

Su candidato, Antonio Baños, aseguró ayer, antes de que se conociera la citación judicial, que no se trataba de «una venganza contra Mas» y lamentó el intento del propio presidente catalán de ponerles contra las cuerdas con la amenaza de que el proceso descarrilará si no apoyan su reelección. «Hay mucha gente válida como para reducirlo todo a que si no es Mas (el presidente) fracasa el proyecto», puntualizó Baños sin desvelar quienes, en su opinión, reúnen esos méritos.

Los nombres, sin embargo, ya han empezado a brotar. Además del caso obvio de Oriol Junqueras, entre los más citados en los círculos secesionistas están Raül Romeva, el número uno de Junts pel Sí, y Neus Munté, portavoz y vicepresidenta del Gobierno catalán y un exponente del reducido sector progresista de Convergència.

La CUP insiste en que tiene que ser alguien «de consenso con proyección internacional», y el líder de Esquerra y el exdirigente de Iniciativa fueron eurodiputados. Baños se mostró convencido de que aparecerá el ‘mirlo blanco’ que reemplazará a Mas. La CUP, aseguró en TV3, «no hará descarrilar el proceso ni hará un favor a Madrid» con el bloqueo de la situación y la repetición de las elecciones.

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En el todavía anónimo sector crítico de Esquerra se reafirmaron también en su resistencia a la reelección de Mas.