Rajoy diseña una campaña para blindar a su electorado y cortar el paso a Rivera
Se centrará en ciudades intermedias y en pueblos, con mucho contacto con la calle.

El presidente del Gobierno y del PP saluda a un niño antes del inicio de un acto en Badajoz.
El equipo de Mariano Rajoy admite haber diseñado una campaña «insólita», válida sólo para este momento político y para su candidato a La Moncloa, que relega las grandes exhibiciones de fuerza de antaño y se centra allí donde el PP está dispuesto a cortarle el paso a Ciudadanos: las ciudades intermedias y los pueblos. Los mítines mastodónticos de las plazas de toros y los polideportivos han dejado paso a las partidas de dominó en los municipios modestos y las intervenciones sobre el banco de un parque. En la sede central de la calle Génova se ha empezado a desconfiar de la eficacia de la estrategia tradicional y creen que ha llegado el momento de que el presidente recupere «la calle» y asegure el electorado que siempre fue fiel al partido en una campaña que creen «decisiva».
En las pequeñas circunscripciones, además, donde tanto PP como PSOE se repartían hasta ahora la tarta electoral, la irrupción de Podemos y Ciudadanos ha obligado a esta revisión del formato clásico de la búsqueda del voto. Por las particularidades de la ley D´Hont, en aquellas provincias donde hay cinco escaños en juego, el partido de Albert Rivera necesitaría aproximadamente un 15% de los sufragios para conseguir representación en el Congreso, mientras que en las de 3, requeriría el 20%. De lograrlo, podría alcanzar hasta 20 diputados, que, tal y como recuerdan en la cúpula del PP, obtendría principalmente en detrimento de los populares.
Esto explica la gira de Rajoy por Ávila, Cantabria y Navarra, o las visitas de precampaña a Zamora y Valladolid. El PP tampoco quiere dejar resquicio en esas localidades medianas y poblaciones pequeñas donde a las formaciones emergentes les cuesta más dar la batalla y donde los populares presumen de implantación. Este planteamiento facilita, por otro lado, la visita a lugares menos transitados por las caravanas electorales. «Allí la aceptación va a ser mayor y la repercusión mediática la misma», prevén en la dirección del partido. Y ese es su objetivo, que tras cuatro años de divorcio con la calle, el presidente entre en contacto directo con el votante y se muestre «cercano».
No se reinventará, pero en el PP garantizan que en los próximos quince días, en los más de veinte actos programados por prácticamente toda la geografía española, podrá verse a Rajoy «en estado puro», más relajado, más cómodo. Fuentes de la formación aseguran que en los sondeos que manejan, en los suyos, el jefe del Ejecutivo comienza a recuperarse en valoración de líderes.