El caso Arístegui conmociona al PP a una semana de las elecciones
El Gobierno y el partido presumen de su «rápida» reacción para atajar los hechos.
El diputado del PP por Segovia Pedro Gómez de la Serna.
Era lo que más temía el PP, un escándalo de corrupción en plena campaña electoral, y ha sucedido. El caso Arístegui ha sacudido al partido a poco más de una semana de las elecciones. Todavía no se sabe si las actividades lobistas del embajador en India, Gustavo de Arístegui, y el diputado Pedro Gómez de la Serna son ilegales, pero el aroma a corrupción es imparable. Tanto el Gobierno como el PP se escudaron ayer en la rapidez de sus reacciones administrativas y políticas para atajar el asunto, pero nadie se atreve a calcular el daño electoral.
La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría resaltó que el Gobierno actuó «de manera inmediata» en cuanto tuvo noticia el miércoles de los negocios de su representante en Nueva Delhi cuando era diputado del PP e incluso después, cuando ya estaba al frente de la misión diplomática. Ese mismo día la Oficina de Conflictos de Intereses, dependiente del Ministerio de Hacienda, abrió una investigación y dio 15 días de plazo al embajador para que dé explicaciones sobre las comisiones cobradas por mediar para que empresas españoles se adjudicaran grandes contratos en América Latina y África.
Este organismo fiscaliza los bienes y patrimonio de los altos cargos cuando empiezan a ejercer su tarea y cuando la concluyen, y determina si se ha producido un enriquecimiento discordante con la actividad ejercida. En ese caso pone en conocimiento de la Fiscalía los hechos para que los denuncie ante el juez.
El Comité de Derechos y Garantías del PP, por su parte, decidió el jueves a última hora abrir un expediente disciplinario tanto a Arístegui como a De la Serna. La dirección del partido, además, decidió ayer apartar al diputado de la campaña electoral, tanto en Segovia, donde opta a revalidar su escaño como número dos del PP, como en el resto de España. Aún no se ha decidido si ambos serán citados a declarar ante el comité antes o después de las elecciones del 20 de diciembre, pero es improbable porque hay unos plazos de presentación de alegaciones que se deben respetar. Desde la dirección de los populares se jactaron de la velocidad de respuesta, a diferencia de otros casos.
Pero el escándalo ha conmocionado al PP en plena campaña. Cuando en la sede central de Génova se diseñó la estrategia de perfil bajo para estos comicios, se acordó que Mariano Rajoy excluyera de sus discursos cualquier referencia a su principal factor de desgaste, la corrupción. Hasta el miércoles, en la dirección se cruzaban los dedos para que ningún asunto inesperado enturbiara la campaña y diera al traste con la imagen de un candidato a presidente alejado de esos líos internos.
Por eso, la situación del diputado De la Serna preocupa y mucho en el PP. La posibilidad de que haya cobrado comisiones por conseguir contratos públicos en el exterior para empresas españoles, sea o no legal, trastoca la idea de transparencia y limpieza que ahora pretende potenciar el partido. Y el hecho de que ocupe el puesto número dos en la lista de Segovia perjudica enormemente a la formación porque no puede ser desplazado, salvo que dimita. Una vez que la Junta Electoral Central da luz verde a las candidaturas sus integrantes no pueden ser apartados de las listas. Lo de renunciar queda, por tanto, en sus manos.
El caso de Arístegui es otro cantar porque aunque es militante y puede ser expulsado, estaba muy alejado de la dirección del partido tras los enfrentamientos que mantuvo con Rajoy después de la derrota del PP en las elecciones de 2008. El diplomático se mostró como uno de los críticos más severos con el hoy presidente. Su destino está en manos del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que también ha encargado su propia investigación.
Pero en el PP están preocupados porque la reacción inicial de Rajoy fue de lo más comprensiva con las dudosas actividades extraparlamentarias de Arístegui y De la Serna.