Diario de León

Pedro Sánchez no se apea de su política de pactos en un PSOE resquebrajado

El secretario general se enfrentará a las tensiones internas para decidir la fecha del congreso. Algunos barones ya habían advertido de que no había clima para ponerse a hablar del cónclave . El líder socialista reitera que votará ‘no’ a la investidura y buscará una alternativa de izquierdas.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez y el secretario de Organización, César Luena.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez y el secretario de Organización, César Luena.

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paula de las heras | madrid
León

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No fue, ni mucho menos, un Comité Federal placentero para Pedro Sánchez. El secretario general del PSOE logró que la resolución que lo habilita para buscar un acuerdo que lo sitúe en el Gobierno -si y solo si Mariano Rajoy fracasa en su intento, como líder de la primera fuerza parlamentaria- saliera adelante con el apoyo del 99%. Sin embargo, tuvo que aguantar mucha presión. Y el debate, que se prolongó durante más de cinco horas, evidenció hasta qué punto el PSOE es un partido descosido. Logró contener el envite de aquellos que pretendían que de inmediato se convoque otro Comité Federal para discutir la fecha del próximo congreso socialista, pero la amenaza sigue viva.

En Ferraz están convencidos de haber ganado el primer asalto y sostienen que también ganarán la guerra. El caso es que tienen razón en que la ofensiva de los críticos, orquestada por una Susana Díaz que se niega todavía a actuar a cara descubierta, hizo aguas. Ya algunos barones de los que creen que con Sánchez van al desastre habían advertido el domingo de que no había clima para ponerse a hablar del congreso y, de hecho, desistieron de hacerlo en el encuentro que mantuvieron con el todavía líder del partido para tratar de llegar al máximo órgano de decisión socialista con una posición común en materia de pactos.

Díaz, sin embargo, no dio su brazo a torcer. Su idea era abrir la discusión sobre la fecha del congreso por persona interpuesta -el presidente asturiano, Javier Fernández- después de que el lunes Sánchez comunicara su intención de posponerlo hasta que se despeje el panorama institucional y esté clara la investidura o se hayan convocado nuevas elecciones. «Esa es una decisión del Comité y si intentan saltárselo -comentaban a primera hora fuentes del PSOE andaluz- se recogerán firmas para un nuevo Comité». Fernández hizo su parte, pero el resto de líderes territoriales supuestamente en la jugada lo secundaron de forma más bien irregular.

La idea era defender que el congreso se convoque «cuando toca», o sea, en febrero. Y el secretario de Organización valenciano, Alfred Boix, lo hizo, pero el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, manifestó sus «dudas» de que convenga meterse en ese lío en tanto se negocian o se votan investiduras; el castellano-manchego, Emiliano García-Page, sólo se quedó en que hay que convocar otro Comité para hablar del tema, pero sin mojarse en la cuestión de las fechas, y el representante del aragonés Javier Lambán admitió que no tenía claro si la idea de celebrar el congreso tan pronto fuera «positiva». Los barones ‘sanchistas’, que fundamentalmente son los que no gobiernan, cerraron filas, en cambio, en torno a la postura oficial.

La amenaza de recoger firmas (un Comité Federal puede ser convocado a petición de un tercio de sus miembros) no ha desaparecido por completo, pero por lo pronto ayer nadie se atrevió a ponerla en práctica. Así que ahora en el núcleo duro del secretario general sacan pecho, mientras sus rivales hacen cuentas para comprobar si les salen los números.

Si algo ha demostrado el vapuleado Sánchez es una capacidad de encaje desmedida, y los suyos aseguran que aguantará el pulso hasta el final. Su intervención ante los notables del partido fue una demostración clara. Apenas se movió un ápice de lo que defendió el miércoles tras su entrevita en La Moncloa con Mariano Rajoy. Dijo que ahora toca que el PP lo intente, que él votará ‘no’ a una investidura de cualquier candidato que proponga y que después atenderá el «mandato» de sus votantes para buscar una alternativa de izquierdas reformista.

La única concesión a los líderes territoriales que le aprietan las cuentas fue fijar como «condición previa» para negociar con otras fuerzas -en realidad, con Podemos- la «renuncia a cualquier planteamiento que implique fracturar la convivencia», o sea, al referéndum sobre la independencia en Cataluña.

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