Entre «heterodoxos sexuales», abanicos y varias broncas

El abogado de la infanta, Miquel Roca, al fondo.
La primera sesión del juicio del caso Nóos no defraudó en lo que a momentos curiosos se refiere. Uno especialmente. Los archienemigos y antaño amigos del alma Iñaki Urdangarín y Diego Torres departieron durante varios momentos de la vista, después de ocho años de guerra declarada y amplificada por los correos comprometedores aireados por Torres.
Quizás el que menos se enteró de ese reencuentro en el polígono industrial y de las demás anécdotas fue el jefe del equipo jurídico de la infanta, Miquel Roca, que fue cazado en varias ocasiones por las cámaras en la sesión de la mañana echando fugaces cabezaditas al calor del tono tedioso de algunos de sus compañeros y del madrugón judicial.
De acabar con el aburrimiento que adormecía al ‘padre’ de la Constitución se encargó el defensor de Diego Torres, Manuel González Peeters, conocido por ser también ‘padre’, pero de la táctica de los mails, y por su irreverencia en los escritos. Esta vez, esa socarronería vino de un lapsus. Provocó las carcajadas y el momento más divertido, cuando hablando de sí mismo en un proceso anterior, en lugar de definirse como un «heterodoxo procesal» se le escapó que era un «heterodoxo sexual».
González-Peeters no defraudó y terminó con algún rifirrafe verbal y ‘vacilón’ con la presidenta Samantha Romero, que no acabó de entender sus bromas. No se sabe bien si fue a este «heterodoxo» letrado o algunos de sus compañeros, pero lo cierto es que la presidenta abroncó a los defensores en un momento de la vista por el barullo que estaban montando mientras hablaban las acusaciones.
El aire acondicionado, primero por su ausencia y luego por el ruido que metía, incomodó también durante la vista, pero permitió que el abogado de Iñaki Urdangarín, Mario Pascual Vives, luciera un enorme abanico blanco. No fue el único, algún otro jurista hizo uso del mismo aparato, mientras el resto combatió el calor con folios del sumario. Tenían material para refrescarse dado que la causa tiene más de 100.000 páginas.
Algunos de los periodistas, los osados que intentaron ir al cuarto de baño, se vieron atrapados en los ‘checkpoint’ montados por la policía por todo el edificio. La situación de máxima seguridad llegó al extremo de que cuando el tribunal establecía algún receso, los periodistas y el resto de personal fueran acompañados a los aseos por agentes que comprobaban que, efectivamente, aliviarse era su objetivo y no colarse por el edificio.