El debate entre los candidatos que consolida el fin del bipartisimo

Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera protagonizan hoy el noveno cara a cara en 39 años.

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León

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alfonso torices | madrid

Cuatro candidatos de partidos nacionales a la presidencia del Gobierno participan hoy, por primera vez en la historia de la reciente democracia española, en un debate electoral televisado en el que podrán contrastar sus programas de gobierno.

Mariano Rajoy, tras semanas de dudas, sucumbió a la presión del resto de formaciones y aceptó el debate a cuatro después de quedarse sin excusas pues ya no podía argumentar, como en diciembre, cuando mandó en su puesto a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que Podemos y Ciudadanos eran fuerzas extraparlamentarias con las que no tenía porque medirse.

El encuentro político es un símbolo del fin del bipartismo. El reconocimiento de que la política española ya no es, y parece que por mucho tiempo, cosa de dos, PP y PSOE, y que hay al menos otras dos formaciones que pueden convertirse en partidos de gobierno, bien de forma directa o a través de la obligada negociación de pactos que se abrirá tras el 26-J. La discusión a cuatro significa al tiempo la defunción de los cara a cara, que ha sido la única fórmula de debate electoral aceptada —eso sí, a regañadientes— por los dos grandes partidos durante 34 años, a lo largo de once procesos electorales, pese a tratarse de un formato normalmente aburrido y algo acartonado.

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El debate será el noveno que enfrenta a los líderes políticos españoles en 39 años de democracia, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que las del 26 de junio serán las décimo terceras elecciones generales. De hecho solo ha habido enfrentamientos electorales televisados en cinco de los trece comicios. Hasta que el bipartidismo saltó por los aires en las distintas citas electorales de 2015, los líderes de los partidos tradicionales mostraron con claridad su aversión a los debates, una cita casi obligada y con larga tradición en el mundo político anglosajón. Tanto es así que hubo que esperar 16 años desde el retorno de la democracia para ver cómo dos candidatos a la Moncloa confrontaban ante todos los españoles sus promesas electorales. Adolfo Suárez siempre lo rechazó y Felipe González no dio su brazo a torcer hasta el ocaso de su estrella política, cuando el PP le disputó ya unas elecciones con posibilidades de victoria. Rajoy acepta el debate a cuatro, pero, a cambio, no concederá ni una confrontación televisada más. Ni a tres, ni a cuatro, ni cara a cara.