Diario de León

El ex socio, Diego Torres, contra el mundo en su alegato final

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No dejó títere con cabeza. Manuel González Peeters, el defensor de Diego Torres, no defraudó en su alegato final. Vehemente, faltón, por momentos medidamente colérico, culpó a todos. A todos, menos a su cliente. Su estrategia para defender la libre absolución del ex socio de Iñaki Urdangarín, que se enfrenta a una petición fiscal de 16 años y medio de prisión, fue presentar a su patrocinado como víctima de una conjura.

Una conspiración, según desgranó González Peeters, en la que vienen participando desde hace años la Fiscalía —de la mano con Manos Limpias— la Casa Real, la Agencia Tributaria, la Policía, la Abogacía del Estado, el Gobierno balear, la clase política, los arrepentidos del caso, los testigos e, incluso, sus propios cuñados, los Tejeiro, los hermanos de su mujer, que se han convertido en piezas fundamentales en las acusaciones contra Torres. El letrado se desmelenó, incluso más de lo habitual. Acusó al fiscal Pedro Horrach de haber basado todo el proceso del ‘caso Nóos’ en «vanas y vacuas, por no decir disparatadas soflamas». Todo para «la distracción del vecindario», sin lograr nunca «enervar la presunción de inocencia» de su cliente. Luego la estopa fue para la Zarzuela. «Lo dijo Iñaki Urdangarin, Cristina de Borbón, Carlos García-Revenga... Por supuesto que estaba al caso (la Casa Real). No se hacía nada que no tuviera la autorización o su bendición», explicó para luego abundar en que era imposible que su cliente fuera consciente de estar cometiendo delito alguno porque todo pasaba por el filtro de la Zarzuela. «No podía haber atisbo de irregularidad porque la más alta institución de este país estaba al caso de todo».

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