No aparecen micrófonos en el Ministerio del Interior
La tesis más fiable es que el móvil de De Alfonso grabó las conversaciones.
Daniel de Alfonso el día de su comparecencia en el Parlament. QUIQUE GARCÍA
m. sáiz-pardo | madrid
No era más que una formalidad porque nadie en la Policía Judicial esperaba encontrar nada casi dos años después de las grabaciones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el ya ex director de la Oficina Antifraude de Cataluña Daniel de Alfonso, que tuvieron lugar el 2 y el 16 de octubre de 2014. Y así fue, nada de nada.
Los técnicos barrieron ayer durante toda la mañana las dependencias del Ministerio del Interior, en el número 5 del Paseo de la Castellana en Madrid (y no solo el despacho de Fernández ), y no encontraron ni rastro de micrófonos ocultos o de otros sistemas de grabación clandestinos. El barrido, recordaron fuentes del operativo, solo hubiera servido para detectar micros «activos» en la actualidad, pero no para revelar si hubo sistemas de grabación en el pasado.
La Policía Judicial, antes de saber el resultado de esta inspección, ya trabajaba con una sola tesis sobre el origen de la grabación: las conversaciones fueron registradas por el móvil que llevaba encima el cesado director antifraude voluntaria o involuntariamente. Los expertos de tecnología del cuerpo han llegado a esta conclusión con la mera escucha de los audios difundidos por el diario digital Público . En muchos de estos fragmentos se aprecia que cuando De Alfonso cambia de posición o mueve lo que aparentemente es una cartera (en la que estaría su móvil) la grabación se distorsiona. En otros se escucha el «roce de fibras» entre el micrófono y la ropa cuando aparentemente el ex jefe antifraude se mueve y su teléfono está supuestamente en uno de los bolsillos.
Los especialistas de la policía todavía no han tenido acceso a los archivos originales para su examen. Público entregó el jueves las grabaciones en la Fiscalía. El pasado 24 de junio, los responsables del diario se negaron a dárselas a la Policía porque no contaba con una orden judicial. De hecho, la investigación sigue sin estar judicializada.
Público ya ha informado que los archivos que un «anónimo» les hizo llegar están en formato ‘*.ogg’ (usado por móviles y otras grabadoras digitales). Esos audios fueron generados automáticamente cada media hora, una circunstancia que apunta a que fueron registrados a través de un móvil. Los teléfonos hacen esas copias de seguridad de forma automática porque sus memorias de audio no son tan fiables como las de los otros mecanismos.
Queda por determinar si la grabadora de ese móvil fue activada a distancia o si fue el propio De Alfonso el que registró las conversaciones de forma voluntaria.
La Policía Judicial valora tres hechos para tratar de saber quién filtró los audios. El primero es que fue el ex alto cargo catalán el que solicitó los dos encuentros. El segundo es que consiguió llegar al ministro por su amistad con el inspector jefe José Ángel Fuentes Gago, lugarteniente y hombre de confianza de Eugenio Pino, el director adjunto operativo de la Policía hasta la semana pasada y uno de los caudillos del clan policial más cercano al PP. Y la tercera es que en la época de las grabaciones, el jefe de Asuntos Internos era el comisario Marcelino Martín Blas, hoy peleado a muerte con el clan policial más oficialista, pero que hace un año y medio era uno de los fontaneros del propio Pino.