Rajoy cierra su congreso avisando de que no comerciará con los secesionistas
El dirigente popular exige la colaboración del PSOE para evitar unas nuevas elecciones.
nuria vega | madrid
Habrá proyecto de Presupuestos, se enviará al Congreso antes de Semana Santa y el PSOE tendrá que mojarse. Esta es la conclusión que extrajeron ayer los dirigentes populares que integran el nuevo Comité Ejecutivo de Mariano Rajoy. Ninguno de ellos escuchó al presidente plantearse un adelanto electoral, pero entendieron que si este Ejecutivo no es capaz de salvar las cuentas de este año ni las del siguiente, no hay más destino que volver a las urnas.
En el discurso de clausura del Congreso Nacional del PP, Rajoy no citó ni una sola vez de manera explícita a los socialistas, los englobó en «las demás fuerzas políticas», pero ellos eran el destinatario del mensaje. Hace tiempo que el Gobierno mantiene conversaciones con el PSOE y con Ciudadanos. Fuentes del Ministerio de Hacienda confirman que pasadas las vacaciones de Navidad, el Ejecutivo se puso en contacto con ambos partidos. No hay, sin embargo, negociación formal abierta, pero Rajoy se comprometía ayer a realizar «concesiones», siempre y cuando no supongan derogar las reformas de su anterior mandato, y llamaba a la oposición a «aprender a trabajar con un Gobierno en minoría». «Han sido los primeros en repudiar las mayorías absolutas y ahora tienen una oportunidad de oro para demostrar que no son necesarias», retó. En la cúpula de su partido no son, sin embargo, demasiado optimistas. Si acaso, la formación mira al País Vasco y confía en que la negociación sobre el cupo afloje la resistencia del PNV como primer paso hacia la aprobación presupuestaria. Por lo que pueda pasar, fuentes de la formación advierten de que en verano todas sus estructuras estarán actualizadas y listas para cualquier batalla electoral. María Dolores de Cospedal, por si acaso, arengó a los 3.128 compromisarios del PP a recuperar la unidad del centroderecha y a los «votantes perdidos».
Cataluña: no es no
El segundo gran desafío para el presidente del Gobierno es el independentismo catalán. Buena parte del discurso estuvo centrado en dejar meridianamente claro a la Generalitat que, ante la convocatoria de un referéndum, no es no. «No vamos a tratar ni a comerciar sobre un proceso que pasa por encima de la Constitución y nadie nos puede pedir que seamos cómplices de esa arbitrariedad». Es su única estrategia ante un soberanismo cada día más radicalizado y la intensidad de sus advertencias alcanzó un nuevo pico.
Acusó a los independentistas de «engañar» a los catalanes, a quienes recordó las consecuencias de la ruptura: salida de la UE y dificultad para sostener los servicios públicos. «Un proceso de secesión no es una poda agradable hecha por un amable jardinero, sino que es una amputación terrible y dolorosa que no hay cirujano que salve», avisó sin ninguna contemplación. El único camino que señaló a Carles Puigdemont es el de la ruptura con los extremistas y la vuelta a la cohesión desde Cataluña.