Los socialistas asumen ahora la «plurinacionalidad» del Estado
Sánchez impone su proyecto ante el desarme y la claudicación de Susana Díaz y los barones.

Sánchez, a su llegada al 39 congreso federal de los socialistas, ayer en Madrid. EMILIO NARANJO
P. de las Heras | Madrid
Ni siquiera el reconocimiento del «carácter plurinacional» del Estado, ese asunto del que el ‘susanismo’ hizo ‘casus belli’ durante la campaña de primarias, fue problema en el 39 Congreso Federal del PSOE. Como cabía prever ya en la víspera, el cónclave fue casi un paseo militar para el restituido secretario general. Y lo fue, en buena medida, porque los barones críticos renunciaron a dar batalla alguna. Tanto es así que algunos de los cuadros medios y diputados que se batieron por la presidenta de Andalucía admiten sentirse algo abandonados. En el entorno de la sevillana se defienden.
Alegan que la derrota fue tan contundente que sólo quedaba el repliegue, que no habrían tenido fuerza numérica para imponerse y que, además, en contra de lo que cabía esperar, Pedro Sánchez no ha hecho nada que exija pararle los pies. Es más, recuerdan que, al poco de ser elegido garantizó a Mariano Rajoy que estaría con él en la defensa de la soberanía nacional frente al desafío independentista de la Generalitat de Cataluña y que, en la moción de censura de Podemos, su número dos, José Luis Abalos, puso los puntos sobre las ‘íes’ a Pablo Iglesias y dejó claro que Esquerra no es compañero de viaje.
Brazos caídos
El caso es que la sensación de que los barones críticos llegaron al cónclave en actitud de brazos caídos lo impregnó todo en el Palacio Municipal de Congresos en el que ayer se discutía el proyecto del ‘nuevo PSOE’; un apelativo que, por cierto, no gusta nada a José Luis Rodríguez Zapatero («el PSOE es el PSOE», dijo el exlíder leonés a su llegada al congreso). Susana Díaz se difuminó en la fila número 12 del plenario. El asturiano Javier Fernández, presidente de la gestora saliente, se marchó a la hora de comer. Y el valenciano Ximo Puig ni siquiera apareció por allí hasta la noche. El castellano-manchego Emiliano García Page ofreció su propia explicación. «Me he propuesto que este Congreso sea donde no nos enzarcemos a la primera de cambio ni haya mal rollo. Voy a evitar entrar en ninguna consideración que encuentro secundaria», dijo. Leyendo entre líneas, en sus palabras se intuía, aún así, un reproche hacia Sánchez por no haberles ofrecido «la más mínima información» sobre sus planes para cohesionar al partido, una tarea que, a tenor de algunas caras, exigirá una larga digestión.
Los barones, y lo dice uno de los que más teme por su futuro, se sienten desarmados. «Vamos como los ‘bobbies’ de Londres, con una mísera porra en la mano». A quienes se les quejan de que ni siquiera hayan peleado por colocar a su gente en el Comité Federal, el máximo órgano de decisión e instrumento de control de la ejecutiva, les recuerdan que ahora ya servirá de poco.