Diario de León

Un largo camino

Del pacto fiscal de 2012 a la petición de independencia

Rajoy menospreció en un primer momento el movimiento soberanista y ahora se enfrenta a la mayor crisis de estado de la reciente historia democrática.

La multitudinaria manifestación convocada en 2012. MARTA PÉREZ

La multitudinaria manifestación convocada en 2012. MARTA PÉREZ

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Ramón Gorriarán | Madrid

Tal día como este lunes de 2012 se celebró la primera Diada multitudinaria por las calles de Barcelona. La Moncloa no le dio importancia; era, se pensaba en los despachos gubernamentales, una tormenta de verano que como viene, se va, un suflé que ya bajaría. Cinco años después, hay un referéndum de autodeterminación convocado para el 1 de octubre, un presidente de la Generalitat que puede ir a la cárcel con todo su Gobierno y un jefe del Ejecutivo central se encuentra ante el mayor reto de la reciente historia democrática.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Es la pregunta que corre de boca en boca. ¿Cómo es posible que lo que parecía una pataleta nacionalista, una más, se haya convertido en una crisis territorial de incierto desenlace? Es posible que la respuesta esté en el cúmulo de intransigencias, silencios y desprecios mutuos de este lustro. Nada hacía pensar que se llegaría hasta aquí cuando el entonces presidente catalán Artur Mas se presentó hace cinco años en la Moncloa con la reclamación bajo el brazo de un pacto fiscal para Cataluña, una suerte de concierto económico como el que disfrutan Euskadi y Navarra. Mariano Rajoy respondió con un portazo. En aquel momento, y pese a gobernar con una rotunda mayoría absoluta del PP, pensó que no podía descubrir un flanco que generaría un rosario de agravios comparativos.

Fue la chispa que avivó unas brasas aún calientes tras la estocada jurídica del Tribunal Constitucional, que un 28 de junio de 2010 resolvió un recurso del PP y declaró ilegales 14 artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña, un texto que había sido aprobado por el Parlament, el Congreso, el Senado y refrendado en referéndum por la sociedad catalana en 2006. El partido de Rajoy se opuso casi en solitario al texto estatutario, y organizó una campaña de recogida de firmas por todo el país contra el Estatut. Aquello, la decisión del Constitucional y la campaña de firmas, fue un catalizador para que el sentimiento independentista prendiera entre los catalanes como nunca. De ser reclamada por menos del 10% de la población, la independencia pasó a ser defendida por el 50%. Pero ahí se ha estancado, e incluso retrocedido.

De vuelta a cinco años atrás, Artur Mas, acuciado por las movilizaciones callejeras contra sus duros recortes del gasto (tuvo que entrar en helicóptero al Parlament ante el asedio de los indignados), se subió al caballo de la independencia, y un político que nunca se había distinguido por veleidades soberanistas se convirtió en el primer separatista. Espoleado por la multitudinaria Diada de 2012, adelantó las elecciones convencido de un triunfo aplastante. No fue así, CiU perdió 12 escaños, pero el nacionalismo gracias a Esquerra retuvo la mayoría absoluta en el Parlament. En diciembre de 2013, Mas anuncia la celebración de un referéndum el 9 de noviembre de 2014 para ejercer el derecho a decidir. Rajoy pensaba y decía que todo era un despropósito; Convergencia, con la que había negociado innumerables veces, se decía a sí mismo, «era de gente de orden». Además, el PP había sido el socio del Gobierno de Mas entre 2010 y 2012. En su cabeza no entraba que fuera en serio. Recurrió al Constitucional la convocatoria de la consulta y se anuló.

Mas cambió el nombre de referéndum por proceso participativo y mantuvo la fecha. La Moncloa ninguneó y hasta ridiculizó la iniciativa mientras mantenía contactos por debajo de la mesa con el Gobierno catalán con la confianza de que el «sentido común» se impondría. Llegó el 9-N, se celebró, 2,3 millones de catalanes votaron, la tercera parte del censo, y arrolló el sí a la independencia. De nuevo envalentonado por los números, el presidente catalán convocó elecciones anticipadas para el 27 de septiembre de 2015 con el marchamo de plebiscitarias. Para su sorpresa, la alianza de Junts pel Sí, vuelve a retroceder, aunque el soberanismo salva los muebles gracias a la irrupción de la CUP, que con sus diez escaños, permite al soberanismo retener la mayoría absoluta en el Parlament, aunque no la tenga en la calle pues no llegó al 50% de los votos.

tracking