Tensión de policía y Guardia Civil por la pasividad de los autonómicos

Agentes de la Policía Nacional y de los Mossos, frente a un colegio electoral en Hospitalet. Q. GARCÍA
Más de 700 heridos contabilizados por la Generalitat; once agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil agredidos y con diferentes contusiones, según los datos del Ministerio del Interior; disturbios por buena parte de Cataluña; la imagen de los Mossos cuestionada; y la certeza de que la convocatoria del referéndum organizado por los soberanistas y anulado por la Justicia dejó ayer muchas heridas abiertas y fracturas que serán difíciles de cerrar. Resultado final del 1-O.
No había amanecido, y miles de personas hacían guardia en los más de 2.000 colegios electorales distribuidos por toda Cataluña. Algunos puntos de votación llevaban ocupados desde el viernes. Locales municipales, institutos, centros de salud... El objetivo era impedir que las fuerzas de seguridad cumpliesen la orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para imposibilitar la celebración del referéndum; básicamente, construir cordones humanos para evitar que las urnas y las papeletas fuesen requisadas. A ese empeño se sumaron estudiantes que tocaban la guitarra, familias con niños pequeños... El intento del soberanismo por convertir la cita en una fiesta enseguida chocó con la realidad.
Los primeros en aparecer en los colegios electorales fueron los Mossos. En el ojo del huracán desde hace semanas, los agentes de la Policía autonómica se presentaron pero no actuaron. En la mayoría de los casos, ni accedieron a los centros. Levantaron acta y evitaron el enfrentamiento. En algunas localidades, los manifestantes les hicieron un pasillo y les vitorearon. Llegaban voluntarios cargando al hombro las urnas que Interior llevaba buscando desde hace semanas. La Guardia Civil bloqueaba los sistemas informáticos y algunos centros de votación aparecían con silicona en las cerraduras. Ante la pasividad de los Mossos, aparecen las primeras furgonetas de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía en diferentes lugares de Cataluña. Los agentes intentan acceder a los locales. En la mayoría de los casos lo tienen que hacer por la fuerza. Se suceden las cargas policiales, los porrazos y el lanzamiento de pelotas de goma.