Diario de León

Desconcierto en las calles ante una montaña rusa

Llamaron «traidor» a Puigdemont por la mañana y «héroe» por la tarde.

Cientos de estudiantes universitarios y de secundaria por el centro de Barcelona. MARTA PÉREZ

Cientos de estudiantes universitarios y de secundaria por el centro de Barcelona. MARTA PÉREZ

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

M. Sáiz-Pardo | Madrid

Lo de ayer en las calles y plazas de Cataluña, y muy particularmente en Barcelona, fue una verdadera montaña rusa de emociones. De la celebración a la rabia. Del llanto a la risa nerviosa. De la ira a la alegría. De la congoja al estallido de euforia. Del cielo al infierno. Y solo en dos segundos. Y vuelta a empezar. Tirabuzón y looping. Todo improvisado. Todo cambiante. Movilizaciones desconvocadas minutos después de ser convocadas a golpe de calentón en Twitter. Manifestaciones que variaron de recorrido mil veces, protestas espontáneas de gran virulencia que desaparecían en cuestión de segundos, amagos de escraches a partidos políticos «tibios» que horas después volvían a ser ‘indepes’ de pata negra… El enésimo día D de Cataluña fue un tiovivo en el que tan pronto unos estaban en éxtasis como los otros respiraban aliviados.

La calle, tomada ayer por independentistas, latió al ritmo de los vaivenes de Carles Puigdemont durante todo el día. Y se quedó exhausta y sin saber, más allá de que no habrá elecciones, si tenía república o no. Incluso para los más veteranos en esto de las protestas secesionistas, bregados en decenas de manifestaciones en los últimos años, lo de ayer fue «demasiado». Casi doce horas de infarto, bailando entre las elecciones y la DUI, que dejaron agotados —aunque moderadamente felices— a los cerca de 10.000 manifestantes, muchos de ellos estudiantes, que se convirtieron en la ‘guardia de corp’ de la república, con una protesta espontánea en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, sede de la Generalitat, en el edificio en que Puigdemont desojaba la margarita.

El «día de las dudas de Puigdemont», como lo tildó Jordi Carles, un estudiante de secundaria de Barcelona movilizado desde primera hora de la mañana y hasta que le diera el cuerpo, cambió incluso el ritmo de los restaurantes y bares de la ciudad. ‘Menús del día’ adelantados para comer viendo la primera declaración fallida del ‘president’. Cafés interminables para intentar ver la comparecencia prevista —y también fallida— a las 14:30 horas. Oleadas de clientes para contemplar en directo a las 17:00 horas qué decía el jefe del Ejecutivo autonómico.

tracking