Diario de León

El procés se marchita en su feudo

Los vecinos de la localidad de Sant Vicenç dels Hort acogen con resignación la decisión del juez de mantener a su exalcalde entre rejas.

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Ander Azpiroz | Madrid

Sant Vicenç dels Horts es una localidad de 28.000 habitantes situada a 15 kilómetros de Barcelona. También un símbolo del independentismo. Si Gerona o su vecina Sant Julià de Ramis son los feudos de Carles Puigdemont, Sant Vicenç dels Horts es el de Oriol Junqueras, que ejerció como alcalde de la localidad entre 2011 y 2015. Solo cuando se hizo cargo de la Vicepresidencia de la Generalitat, el líder de Esquerra renunció al bastón de mando de la localidad donde tiene su residencia. Y lo hizo tras haberse impuesto en las últimas elecciones municipales con un 38% de los votos.

Ayer reinaba el silencio en la localidad barcelonesa tras conocerse la decisión del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena de mantener en prisión a Junqueras, aunque tampoco es que cundiese entre los vecinos, ni mucho menos, el optimismo por que el veredicto fuera distinto. Muchos de los habitantes de Sant Vicenç dels Horts no solo están convencidos de que su exvicepresidente es inocente de cualquier delito, sino que desconfían por completo de una justicia española que, consideran, ha emprendido «una persecución política» contra el independentismo. «No es justo meter a alguien en prisión por sus ideas y por poner unas urnas para que la gente se exprese», lamentaba la recepcionista de una academia en la que se imparten clases de catalán.

La clave, la economía

Pero hasta en los feudos más independentistas se percibe el hastío causado por un ‘procés’ que durante meses levantó unas pasiones que después fueron truncadas de un plumazo por el artículo 155 de la Constitución, el cese del Govern y la encarcelación o huida de sus miembros y la convocatoria de elecciones por parte de Mariano Rajoy. No solo los dirigentes de Esquerra o el PDeCAT han renunciado a la unilateralidad en las últimas semanas, los secesionistas de a pie también confiesan su impotencia ante el poder mostrado por el Gobierno central. También del financiero. «La economía es lo que manda en este mundo, y en Cataluña ha hablado alto y claro», señalaba ayer un vecino de mediana edad de Sant Vicenç dels Horts a propósito de la fuga de casi tres millares de empresas desde el 1-O. Partidario de la república, admite que en las elecciones solo queda salvar lo que se pueda. También que votará a Junqueras, «al que mantener en prisión no hace más que empeorar las cosas y fracturar más a una sociedad ya de por sí muy dividida».

La resignación no se detecta tan solo en las palabras de quienes en su día apoyaron el ‘procés’, se respira también en el ambiente.

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