La futura investidura se le complica a Puigdemont
Amenaza con bloquear la constitución del Parlament y con elecciones.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. STEPHANIE LECOCQ
cristian reino | barcelona
Cataluña, desde que existe el proceso soberanista, se ha especializado en los sudokus. No los fáciles, ni intermedios, los más difíciles. Laberintos sin aparente salida que acaban resolviéndose de manera milagrosa. Con la presente investidura, tras las elecciones autonómicas del pasado mes de diciembre, que arrojaron una nueva mayoría absoluta independentista, estamos ante la quinta gran ecuación secesionista de los últimos cuatro años, después del 9-N, Junts pel Sí y el 27-S, la elección de Puigdemont y los hechos de octubre del año pasado, que culminaron con el 27-O. Solo hay cuatro elementos seguros en el problema al que se enfrentan Junts per Catalunya, Esquerra y la CUP: tres fechas y la convicción de que «como siempre, nos pondremos de acuerdo», según señalan las fuerzas independentistas.
Se sabe el resultado, pero no el método para resolver una ecuación tan compleja que puede estar condicionada por la decisión que adopte el próximo 11 de enero el juez del Supremo en relación al encarcelamiento de Jordi Sánchez y Quim Forn. La otra data decisiva es el 15 de enero, el día en que se conocerá la sentencia del caso Palau, con posible condena para Convergència por financiación ilegal. La tercera fecha clave es el 17 de enero, constitución de la Cámara catalana. A partir de ahí empezará a correr el reloj y lo que ahora son negociaciones con un cierto margen entre las formaciones secesionistas, se convertirán en reuniones al borde del precipicio. Porque la repetición electoral, con lo que ha llovido (meteorológicamente muy poco) en Cataluña, sería un fracaso rotundo del independentismo
Sobre la mesa, varios problemas y de momento pocas soluciones. La primera meta volante se llamará presidencia de la Cámara catalana y composición de la mesa del Parlamento, órganos decisivos, que ya predeterminarán el tono de la legislatura. Carme Forcadell se estrenó con un «¡visca la República!» y la legislatura siguió por esos mismos derroteros. Forcadell podría no repetir. Su intención es no hacerlo. En principio, el puesto le corresponde a ERC, según el reparto de sillas con Junts per Catalunya. Los republicanos quieren situar a Carles Mundó, exconsejero de Justicia y con un perfil más moderado que la ex de la ANC. Pero Puigdemont quiere a un radical como Forcadell. Un ariete con el que poder mantener el desafío con el Estado.
De salir victorioso de la batalla de la Mesa y la Presidencia de la Cámara, el independentismo afrontaría la prueba final del sudoku. La más complicada. El más difícil todavía. Con un presidente del Parlamento entregado al 100% a la causa de la ruptura, el expresidente tendría hasta el 31 de enero para ejecutar su plan, que pasa por buscar una investidura a distancia, por ‘skype’, a pesar de que no es del agrado de ERC.
Toda la presión recae sobre el expresidente de la Generalitat, que es quien tiene que mover ficha y aclarar sus intenciones. Puigdemont es capaz de todo, ya lo demostró el 26 y el 27 de octubre, cuando pasó de querer convocar elecciones autonómicas a proclamar la república en solo 24 horas.