ETA dice adiós sin arrepentirse
Dos mensajes de voz de Josu Ternera y Anboto escenifican su derrota final tras 60 años de terrorismo y muerte.
DAVID GUADILLA | BILBAO
ETA confirmó ayer su final. El cierre definitivo a seis décadas de terrorismo que dejan atrás 853 víctimas mortales, miles de heridos e innumerables vidas rotas. Lo hizo a través de un comunicado al que le quiso rodear de un sentido histórico y de reafirmación interna, y que simplemente demostró su derrota. Al texto le pusieron voz dos de los principales dirigentes de la banda: ‘Josu Ternera’ buscado por lesa humanidad, y Soledad Iparragirre, ‘Anboto’, en prisión y aún con causas pendientes. Apenas un folio sin ningún tipo de autocrítica y sin mencionar a las víctimas. Sólo el anuncio de que ha llegado al «final de su trayectoria», que «ha desmantelado totalmente el conjunto de sus estructuras» y que da por «concluida toda su actividad», a la que la organización terrorista define como «política».
ETA dio carpetazo a su recorrido con una escenificación por momentos confusa. Con unas grabaciones que corresponderían a un vídeo en el que aparecía ‘Josu Ternera’ a cara descubierta, que habría sido remitido a la BBC y que al parecer fue visionado por algunos diplomáticos y cargos políticos europeos contactados por el centro Henry Dunant de Ginebra.
Este despacho, especializado en la resolución de conflictos y que tuvo un papel destacado en las negociaciones abiertas en 2006 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, tenía una función clara. Intentar otorgar al paso dado por ETA un cierto prestigio internacional.
La utilización de Ternera y Anboto como lectores del comunicado de disolución tenía un claro significado interno. Se trata de una decisión que ha generado importantes conflictos dentro de ETA. A pesar de que los sectores disidentes son minoritarios y sin poder efectivo, la banda ha querido echar mano de dos históricos con gran ascendiente en la organización. Ternera permanece huido de la Justicia desde 2003 y Anboto está recluida en Francia y es una de las responsables del colectivo oficial de presos (EPPK).
El escrito con el que pone fin a 60 años de violencia no solo no dedica ni una línea a sus víctimas. La banda justifica sus atentados dentro del «conflicto que enfrenta a Euskal Herria» con España y Francia y echa mano de la retórica que ha usado durante seis décadas para decir que gracias a su intervención «existe un pueblo vivo que quiere ser dueño de su futuro gracias al trabajo realizado en distintos ámbitos y la lucha de diferentes generaciones». De hecho, otorga un papel a sus exmilitantes, quienes «continuarán con la lucha por una Euskal Herria reunificada» en otros «ámbitos», cada cual «donde lo considere más oportuno, con la responsabilidad y honestidad de siempre». «ETA no será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores».
Tras décadas desoyendo el clamor de la sociedad vasca para que dejase las armas y sin hacer caso a las masivas manifestaciones que recorrieron las calles de Euskadi para denunciar sus crímenes, la banda concluye lo que denomina como su «declaración final» con esta frase: «ETA surgió del pueblo y ahora se disuelve en él». Fin.
El día de la disolución de ETA, el Gobierno de Mariano Rajoy se negó a plantearse cambios en la política antiterrorista y, en concreto, en la penitenciaria. El presidente puso mucho cuidado ayer en que ninguna de sus palabras pudiera interpretarse como una contrapartida a los terroristas. «ETA no consiguió nada de la democracia española cuando asesinaba, no consiguió nada cuando dejó de matar porque su capacidad operativa fue liquidada por las fuerzas de seguridad y tampoco va a conseguir nada ahora con nuevas operaciones de propaganda», zanjó el jefe del Ejecutivo. Pero la batalla está abierta. El PSOE apoya acercar etarras a cárceles del País Vasco, pero rechaza flexibilizar su acceso a beneficios penitenciariosPatxi López cree que la dispersión sólo sirve para dar argumentos de victimización a la banda y su entorno.