El PSOE tiene poco que celebrar en el primer aniversario de su renovación

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa la semana pasada. EMILIO NARANJO
Paula de las Heras | Madrid
No habrá celebración en Ferraz por el primer aniversario de la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE. Las heridas causadas por la batalla fraticida que culminó el 21 de mayo de 2017 con la derrota de Susana Díaz y los principales barones han dejado de sangrar, pero el socialista dista mucho de ser un partido con la maquinaria bien engrasada. «Queda trabajo por hacer —admite el número tres de la formación, José Luis Ábalos—. Tenemos que intentar implicar a toda la organización en un proyecto común; que se interiorice y se asuma que es un proyecto único y que es imposible departamentarlo territorialmente».
El líder de los socialistas no se ha encontrado en su «segunda vida» como secretario general (el término es suyo) con las dificultades que arrostró durante su primer mandato. Ya nadie le mete palos en las ruedas ni se apresura a poner el grito en el cielo con sus patinazos. No hay ganas de guerra y la prueba está en que, de todas las primarias convocadas hasta el momento para elegir al cabeza de cartel de las próximas autonómicas sólo se celebrarán unas, las de Cantabria. En el resto nadie ha querido competir contra el secretario general de turno. Pero tampoco hay afán por sumar.
Fallos y enfados
El pasado marzo, Sánchez organizó un seminario —Escuela de Gobierno - como acto de reconciliación. La apuesta le salió por la culata. Su negativa a apoyar a Elena Valenciano para la presidencia del Grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, unos días antes, provocó el enfado de Alfredo Pérez Rubalcaba, que se negó a participar en el encuentro. También falló Felipe González. Y Susana Díaz. Sí fue José Luis Rodríguez Zapatero. Y también Javier Solana, pero su discurso causó estragos. «No estoy contento con mi partido», dijo.
Los críticos —con excepción del extremeño Guillermo Fernández Vara, más involucrado en las decisiones de la dirección federal— se han refugiado en sus propias parcelas de poder. Su mensaje es claro: si esta vez las cosas no van bien, Sánchez no podrá culpar a nadie más que a sí mismo. En las últimas semanas, sin embargo, ha empezado a surgir un cierto temor colectivo.
Los primeros comicios en el horizonte tras los del 21 de diciembre en Cataluña, que no arrojaron precisamente un buen resultado para el PSC,serán los de Andalucía, en torno a marzo de 2019.